La vida de un campesino ruso en la artesanía popular
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El arte popular nunca ha existido aislado de la vida cotidiana. En la cultura tradicional, no existía distinción entre lo "utilitario" y lo "artístico". Cada objeto, desde una enorme cubierta de techo hasta un silbato infantil, cumplía una función tanto práctica como sagrada. La artesanía servía como lenguaje a través del cual los campesinos se comunicaban con el mundo, Dios y sus vecinos. A través de la forma de un cucharón, la ornamentación de una rueca o el marco de una ventana, la gente ponía orden en el caos, creando un espacio de "lada" (armonía armoniosa) a su alrededor: una armonía entre lo material y lo espiritual.
Árbol: La base del universo campesino
Para los rusos, el bosque era más que un simple recurso, sino un hábitat que proporcionaba refugio, calor y lo esencial. La madera se percibía como materia viva, con alma, por lo que su cultivo comenzaba mucho antes del primer hachazo: con la selección de un tronco y una súplica al bosque para que perdonara la vida arrebatada.
El juego de herramientas del carpintero: una extensión de la mano
La herramienta principal del maestro era el hacha. Las sierras no se generalizaron en las aldeas hasta el siglo XIX, y antes de eso, las cabañas se "cortaban". El hacha compactaba las fibras de la madera, sellando los poros y haciendo que la estructura fuera resistente a la humedad, mientras que la sierra "desgastaba" el corte, abriendo el camino a la putrefacción.
La segunda herramienta más importante era la azuela. Parecida a una azada con una hoja perpendicular al mango, se utilizaba para cortar ranuras en los troncos. Una pequeña azuela permitía al artesano trabajar sentado a horcajadas sobre el tronco, terminando la ranura con un acabado perfectamente liso para que los troncos encajaran perfectamente.
Se utilizaba un raspador — un cuchillo curvo con dos mangos — para retirar la corteza y dar acabado a las superficies. Trabajar con un raspador requería un movimiento de tracción, asociado simbólicamente con la atracción de la buena fortuna al hogar. Para marcar con precisión la cabaña de troncos, se utilizaba una cherta (herramienta lineal), una herramienta metálica similar a una brújula, que se usaba para acercar los troncos entre sí, siguiendo las curvas naturales de los troncos.
La cabaña como modelo del universo
Una casa campesina se construía como modelo del cosmos. El suelo simbolizaba la tierra, el subsuelo el inframundo de los antepasados, y el techo y la bóveda celeste. El elemento central era la viga que sostenía el techo. La colocación de la viga se acompañaba de un festín ritual para los carpinteros, y se depositaban monedas o lana debajo para asegurar la riqueza.
Se prestaba especial atención a las ventanas, los "ojos" de la casa. Dejaban entrar la luz, pero también podían permitir la entrada de malos espíritus. Por lo tanto, los marcos de las ventanas servían como un poderoso amuleto.
- El remate superior (remate): Simbolizaba el firmamento. Los símbolos solares (el sol) se colocaban aquí en forma de círculo o semicírculo con rayos. Un símbolo común era el diluvio celestial: líneas onduladas que representan la lluvia, que trae fertilidad.
- Paneles laterales: Representaban los puntos cardinales o el cambio de estaciones. A menudo estaban decorados con "toallas" con diseños florales.
- La parte inferior: Simbolizaba la tierra. Representaba un campo sembrado (rombos con puntos) o agua subterránea.
Utensilios: Desde una cuchara hasta un cucharón
Los utensilios de madera en la vida campesina se dividían en torneados y ahuecados. Los artículos torneados (cuencos, duelas) se fabricaban en tornos sencillos con un mecanismo de arco. Los cucharones y palas ahuecados se tallaban de una sola pieza de madera, a menudo utilizando la nudosidad, cuya textura les daba la resistencia de la piedra.
Una cuchara era un objeto personal para cada miembro de la familia. Comer con la cuchara de otro era inaceptable; sería un sacrificio a su destino. La forma de la cuchara variaba según la región: en el norte, los cucharones eran más redondos y profundos, mientras que en el sur, más planos. La famosa pintura Khokhloma, que imitaba el oro, nació precisamente del deseo de dar a los sencillos utensilios de madera un aspecto "sofisticado" al alcance de los campesinos. El endurecimiento de la madera en un horno bajo una capa de aceite secante la hacía impermeable y resistente al calor.
Corteza de abedul: Papel forestal y termo
La corteza de abedul (la capa exterior) era un material versátil en el norte. No se pudre, tiene propiedades antibacterianas y retiene bien el calor.
Tecnología de adquisiciones
La corteza de abedul se recolectaba durante el periodo de flujo de savia, a finales de mayo o junio, cuando se desprende fácilmente del tronco. Había dos métodos principales para retirar la corteza:
- En lámina: Se hacía un corte vertical y se pelaba la corteza en láminas. Este material se utilizaba para tejer cestas, cajas y zuecos.
- Skolotnem: El árbol se talaba y se le quitaba la corteza entera, como una media, sin hacer corte alguno. Este cilindro sólido se llamaba skolotnem. Se utilizaba para hacer tuesas, recipientes para almacenar líquidos.
Martes en la granja
El recipiente de corteza de abedul (también conocido como tues) es un ingenioso invento de la vida campesina. Consta de dos capas: una interior (skolotnya) y una exterior (shirring), cosidas con raíces de pino o enebro. Entre las capas se deja una cámara de aire que actúa como un termo. La leche almacenada en un recipiente de corteza de abedul se mantiene fresca durante varios días en climas cálidos, y el agua caliente se mantiene fría durante mucho tiempo. La sal y la harina en recipientes de corteza de abedul nunca se humedecen gracias a las propiedades higroscópicas del material.
Textiles: Hilo del destino
Mientras que la carpintería era un oficio masculino, la industria textil era exclusivamente femenina. Todo el proceso, desde la siembra del lino hasta la camisa terminada, recaía sobre las mujeres. El lino era llamado "mártir": se golpeaba, se golpeaba y se cardaba antes de convertirse en lino. Esta metáfora se aplicaba a menudo a la difícil situación de las mujeres.
Una rueca como pasaporte de novia
La rueca era la herramienta y amuleto principal de la mujer. La regalaba el padre a su hija, el novio a su novia y el esposo a su esposa. Las ruecas solían conservarse de por vida e incluso se guardaban en ataúdes. Los diseños de las ruecas variaban geográficamente:
- Ruecas de raíz (Norte): Cortadas de una sola raíz de abeto o pino (kopani). La hoja y la base eran de una sola pieza.
- Ruedas giratorias compuestas: La cuchilla se insertaba en la parte inferior.
La pintura sobre una rueca servía como una especie de pasaporte para su dueño. Por ejemplo, la pintura de Mezen (región de Arkhangelsk) utilizaba solo dos colores: rojo (minio) y negro (hollín), y símbolos gráficos: caballos, ciervos y patos. Se trata de un lenguaje arcaico, donde el nivel inferior representaba el inframundo, el nivel intermedio el mundo terrenal y el nivel superior el mundo celestial. La rueca de Gorodets, en cambio, se distinguía por sus vívidas escenas de género: fiestas de té, paseos en troika y jinetes.
La magia del hilo y el tejido
El hilado estaba estrictamente regulado por el calendario. Estaba prohibido hilar los viernes (el día de Santa Paraskeva, patrona del oficio) y en los principales días festivos religiosos. Infringir la prohibición podía provocar enfermedades oculares o dedos torcidos: «Paraskeva empezará a hilar».
El primer hilo hilado por una niña poseía poderes especiales. La madre lo guardaba hasta la boda de su hija para atarlo bajo el vestido de la novia y protegerla del mal de ojo. El telar (krosna) se percibía como el instrumento de la creación del mundo, donde la urdimbre (los hilos verticales) se unía a la trama (los horizontales), creando el tejido de la vida. El proceso de tejido en sí mismo se comparaba a menudo con una carretera.
Bordado: Código Rojo
El bordado campesino nunca fue simplemente una decoración. Era un sistema de símbolos protectores aplicados a las entradas de la ropa: cuellos, puños y dobladillos. Estas zonas se consideraban vulnerables a los malos espíritus.
El color principal del bordado ruso es el rojo (el color de la vida, el fuego, la sangre) sobre un fondo blanco.
- Rombo (bardana): Símbolo universal de fertilidad, sol y feminidad. Un rombo con un punto en su interior representa un campo sembrado, signo de embarazo y prosperidad.
- Una figura femenina con las manos levantadas: la diosa Makosh (o Bereginya), rezando por la lluvia o una buena cosecha.
- Árbol de la vida: Símbolo de la familia y conexión de generaciones.
Cerámica: La magia de la tierra y el fuego
La arcilla era el material más accesible, pero requería habilidad para dominar los elementos: tierra, agua, aire (secado) y fuego (cocción). A diferencia de otras artesanías, la alfarería solía ser una actividad estacional o exclusiva de pueblos enteros donde la tierra no producía buenas cosechas.
Tecnologías: Ordeño
Una de las tecnologías únicas, muy extendida en Rusia, era la cocción con leche (o horneado con leche). Tras la primera cocción (de residuos), la pieza de arcilla porosa se sumergía en leche o crema rica y luego se devolvía al horno a una temperatura de 270-350 °C.
La leche se absorbía en los poros de la cerámica. Al calentarse, la caseína y la grasa de la leche se quemaban, obstruyendo los poros y creando una película duradera e impermeable sobre la superficie. Este tipo de cerámica adquiría un hermoso color, desde beige dorado hasta chocolate oscuro, dependiendo del contenido de grasa de la leche y el tiempo de reposo. En una jarra recubierta de leche, esta se mantenía fresca durante mucho tiempo, permitiendo que los alimentos respiraran sin estropearse. Esta era una alternativa ecológica al esmaltado, fácilmente disponible en todos los hogares.
Juguete: del ritual a la feria
Los juguetes de arcilla, como los famosos de Dymkovo o Kargopol, surgieron de antiguos rituales. Originalmente, los silbatos no estaban destinados a la diversión infantil, sino a fines mágicos. Se creía que silbar ahuyentaba a los malos espíritus y anunciaba la primavera. El festival de la "Niña Silbante" en Vyatka se acompañaba de silbidos masivos en patos y caballos de arcilla, simbolizando la llegada del invierno. Con el tiempo, el significado sagrado quedó relegado a un segundo plano, y el juguete de brillantes colores, blanqueado con tiza y decorado con pan de oro, se convirtió en un objeto popular de feria.
Herrería: Dominando los elementos
En la aldea rusa, el herrero era una figura singular, rodeada tanto de reverencia como de temor supersticioso. Mientras que el carpintero o el alfarero trabajaban con materiales "fríos", el herrero dominaba el fuego y el hierro, sustancias peligrosas y místicas.
Estado de herrero
La forja siempre se ubicaba en una zona remota, junto a un río o a las afueras del pueblo. La razón práctica era la seguridad contra incendios. La razón mitológica era que el herrero se comunicaba con fuerzas que era mejor mantener alejadas de los hogares. En la cultura popular, el herrero era similar a un hechicero: podía "forjar" no solo un arado, sino también una boda, una voz o un personaje. Fueron los herreros a quienes se les atribuyó la victoria sobre el Dragón Gorynych en los cuentos populares, donde ataron al mal con su lengua. Al mismo tiempo, el herrero era el principal tecnólogo e ingeniero del pueblo, de quien dependía todo el ciclo agrícola.
La forma de vida del herrero
Trabajar en una forja requería una enorme fuerza física y resistencia, pero aún más precisión. El ayudante principal del maestro era el martillador, cuya función consistía en dar golpes rítmicos con un pesado martillo bajo la dirección del herrero, quien marcaba el ritmo y la ubicación de los golpes con un pequeño martillo de mano.
El surtido del herrero del pueblo incluía cientos de artículos: desde clavos y herraduras hasta hoces, guadañas y accesorios para carros. Forjar antorchas — dispositivos para sujetar astillas — era un arte especial. Los herreros decoraban incluso este objeto utilitario con volutas y rizos, convirtiéndolo en un detalle decorativo.
Marroquinería: una artesanía con un toque especial
Mientras que al carpintero se le llamaba "hombre de hacha", al curtidor se le llamaba a menudo "hombre agrio" por el olor característico que impregnaba su patio. La talabartería era un trabajo sucio, duro, pero sumamente rentable. Los zapatos de cuero se consideraban un símbolo de riqueza; los pobres usaban zapatos de líber y solo se calzaban botas en ocasiones especiales.
Secretos de la vestimenta de pueblo
El proceso de transformar la piel cruda en cuero suave (yuft) llevaba semanas. El principal secreto de los artesanos residía en el uso de materiales fáciles de conseguir, a menudo desechados, que, sin embargo, producían excelentes resultados.
- Encalado y despellejamiento: Las pieles se sumergían en fosas con una solución de cal o ceniza de estufa para ablandar los folículos pilosos.
- Alúmina: Para aumentar la elasticidad de las pieles, se remojaban en una gelatina de pan hecha con avena y levadura. El proceso de fermentación aflojaba las fibras de colágeno.
- Curtido: La etapa más crucial. Las pieles se rociaban con corteza de sauce o roble triturada (de ahí la palabra "curtido") y luego se sumergían en agua en grandes cubas. Los taninos de la corteza preservaban el cuero, evitando que se pudriera.
El toque final era la zhirovka: impregnación con alquitrán, grasa (aceite de foca) o manteca de cerdo. Era el alquitrán de abedul el que otorgaba al famoso yuft ruso (cuero ruso) su aroma ahumado, apreciado incluso en las cortes europeas.
Manualidad de fieltro: Armadura de invierno
El invierno ruso dictaba sus propias reglas, y las botas de fieltro se convirtieron en la principal respuesta al frío. Este oficio, a diferencia de muchos otros, solía ser estacional: los maestros batidores de lana recorrían las aldeas con su sencilla herramienta — una cuerda grande (llamada arco) — y trabajaban directamente en las cabañas de sus clientes.
El nacimiento de la bota de fieltro
La tecnología del fieltrado es una paradoja: a partir de lana suave y suelta, se crea un objeto sólido, similar a la madera, sin una sola costura. El artesano esponjó la lana con un cordón, convirtiéndola en una nube esponjosa. Luego, diseñó la forma de la futura bota de fieltro, que era el doble de grande que la original. La magia principal se produjo durante el lavado en agua hirviendo con ácido (sulfúrico o acético) y la compactación mecánica. Los pelos quedaron firmemente entrelazados en escamas.
Una buena bota de fieltro debía ser hecha a mano, no cocida al vapor en una fábrica. Los artesanos campesinos conocían el secreto de la densidad adecuada: la suela debía ser dura como una roca y la caña lo suficientemente blanda para evitar rozaduras.
Artel: "No se es un guerrero en el campo"
El trabajo complejo que requería un esfuerzo conjunto dio origen a una forma única de organización social: el artel. No se trataba simplemente de una asociación de producción, sino de una hermandad unida por la responsabilidad mutua y un estatuto no escrito.
Estructura interna
El artel se constituyó sobre la base del principio de participación igualitaria y división justa del trabajo ("payka"). A la cabeza estaba un anciano elegido (ryadchik), quien negociaba con los clientes y llevaba la caja registradora. La honestidad era la regla más importante: robar a los propios se castigaba con el exilio, lo que para un artesano equivalía a la muerte civil. En los artels de carpinteros y albañiles existía una estricta jerarquía: aprendices, oficiales y maestros artesanos, pero en la mesa común todos eran iguales.
Otkhodnichestvo: el mundo más allá de las afueras
Para el siglo XIX, muchos campesinos ya no contaban con suficiente tierra para mantener a sus familias. Esto dio lugar a la masiva otkhodnichestvo, la migración estacional de hombres a las ciudades o centros industriales en busca de trabajo. Carpinteros, fabricantes de estufas, laneros y sastres se marcharon. La otkhodnichestvo se convirtió en el principal vehículo de la cultura urbana en la aldea. No solo trajeron dinero, sino también hábitos "urbanos": beber té en un samovar, usar gorra y chaleco, y usar un nuevo vocabulario. La otkhodnichestvo cambió el equilibrio de género en la aldea: las mujeres, al permanecer "a cargo" durante seis meses, obtuvieron una independencia sin precedentes en la gestión del hogar.
Feria: Festival de Artesanía
La feria era el punto de encuentro de compradores y vendedores. Era la culminación del año artesanal. Para el campesino, la feria era más que un simple mercado, un gran espectáculo, un museo y una agencia de noticias.
Los puestos comerciales se organizaban por gremios: cerámica, telas y virutas de madera (utensilios de madera). Aquí se producía un diálogo cultural silencioso: los norteños traían pescado y pieles, los sureños grano y los uralianos metal. La competencia en la feria animaba a los artesanos a mejorar su calidad: un hacha en mal estado o una olla torcida le habrían dado al artesano una reputación en toda la provincia.
El declive del modo de vida tradicional
A finales del siglo XIX, los productos manufacturados comenzaron a desplazar a la artesanía. El calicó barato acabó con el tejido casero, la cerámica esmaltada sustituyó a las vasijas de barro y los clavos manufacturados se volvieron más baratos que los forjados. La artesanía comenzó a transformarse: de ser una necesidad vital, se convirtió en arte (como el palej o el jojoma) o en souvenirs.
Sin embargo, muchas tecnologías nacidas en las chozas campesinas no han desaparecido sin dejar rastro. Los principios ergonómicos arraigados en el mango de un hacha antigua o el respeto al medio ambiente de los recipientes de corteza de abedul están siendo reinventados por los diseñadores actuales, demostrando que la sabiduría de las manos no tiene fecha de caducidad.
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