haystack. 1901 Valentin Serov (1865-1911)
Valentin Serov – haystack. 1901
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Pintor: Valentin Serov
En este cuadro vemos un paisaje rural. En primer plano aparece un gran pajar. Probablemente sea el pajar que los campesinos hacían para el invierno para alimentar a su ganado. Alrededor del heno vemos una valla baja, parece que está inacabada. El artesano ha dibujado bien el tejido de esta valla improvisada: se puede ver casi cada ramita. A pocos metros del pajar, un poco más atrás, hay una estructura de madera en ruinas.
Descripción del cuadro "Pajar" de Valentin Serov
En este cuadro vemos un paisaje rural. En primer plano aparece un gran pajar. Probablemente sea el pajar que los campesinos hacían para el invierno para alimentar a su ganado. Alrededor del heno vemos una valla baja, parece que está inacabada. El artesano ha dibujado bien el tejido de esta valla improvisada: se puede ver casi cada ramita.
A pocos metros del pajar, un poco más atrás, hay una estructura de madera en ruinas. Es obvio que nadie lo cuida: la madera está húmeda y el techo está torcido. El edificio no parece una vivienda típica. Lo más probable es que se trate de un edificio agrícola, un granero situado en un campo. Los campesinos podrían haber almacenado aquí sus herramientas para arar.
A la izquierda del pajar podemos ver dos figuras: un hombre y un caballo. Enseguida queda claro que estamos ante un agricultor corriente, ya que va vestido de paisano. Lleva un sombrero oscuro, casi negro, en la cabeza. El campesino lleva las riendas en la mano, que dirige el caballo. Tradicionalmente, Serov no representa a un caballo de carreras juguetón, sino a un caballo ordinario y fornido, cansado por el duro trabajo en el pueblo. El fondo está casi en blanco: aquí y allá se ve un campo, hierba sin segar. A lo lejos, se ve otro pajar y algunos pájaros negros que corren entre la hierba achaparrada.
A primera vista, en la foto no hay nada destacable: el típico día de otoño. Pero Serov V.A. nos presenta este paisaje como sólo un habitante de un pueblo remoto puede verlo. La vida de una persona de los bosques de Rusia atrajo increíblemente al artista. Serov no se limitó a pintar paisajes, sino que trasladó el estado de ánimo, los sentimientos. Este cuadro te hace sentir este sombrío otoño. Un día sombrío y nublado aparece ante nosotros. El cielo está oscuro y nublado con nubes de lluvia. Parece que dentro de poco se levantará un fuerte viento y caerán gotas de lluvia del cielo.
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Comentarios: 4 Ответы
Kaк бы касаешься немного реальности
Неужели в этой так называемой хибаре, жили люди при Николашке 2-ом?
люди жили в избах. а это хозяйственные посторойки
Они бы ужаснулись, если бы увидели в каких муравейниках живём сейчас мы....
No se puede comentar Por qué?
La luz, difusa y uniforme, parece emanar de un cielo cubierto, eliminando sombras marcadas y contribuyendo a la sensación general de quietud y melancolía. La perspectiva es sutil; no hay una línea de fuga definida que dirija la mirada hacia un punto distante, sino más bien una sensación de inmersión en el entorno.
En el plano medio, se distingue la silueta de una figura humana, vestida con ropas oscuras, aparentemente absorta en sus labores o contemplando el paisaje. Su presencia, aunque discreta, introduce una escala humana a la composición y sugiere una conexión íntima entre el individuo y su entorno rural.
La técnica pictórica es notable por su pincelada suelta y expresiva, que captura la textura de los materiales –la rugosidad de la madera, la aspereza del heno– con un realismo matizado por la subjetividad del artista. No se busca una representación fotográfica, sino más bien una interpretación emocional del tema.
Subtextualmente, la obra evoca reflexiones sobre el trabajo manual, la vida rural y la conexión con la tierra. La monumentalidad del montículo de heno puede interpretarse como un símbolo de abundancia o de esfuerzo acumulado a lo largo del tiempo. La cabaña, en su estado de deterioro, sugiere una cierta fragilidad y transitoriedad de las cosas materiales. El ambiente brumoso y la figura solitaria contribuyen a una atmósfera contemplativa que invita a la reflexión sobre el paso del tiempo y la naturaleza efímera de la existencia humana. La escena, desprovista de elementos narrativos explícitos, se abre a múltiples interpretaciones, permitiendo al espectador proyectar sus propias emociones y experiencias en ella.