Caspar Netscher – Woman feeding a parrot
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En los siglos XVII y XIX, la pintura se encontraba en Düsseldorf, la Galería de Múnich y el Alte Pinakothek. Antes de la ocupación alemana de Bélgica, pertenecía a Hugo Andriessen (Bruselas), quien la adquirió en 1937. En 1942, fue confiscada y trasladada al Château de Pommard en París, para luego ser almacenada en un búnker en Potsdam bajo la custodia del mariscal de campo Göring en 1944. De 1952 a 2014, se encontraba en la colección del museo Von der Heydt en Wuppertal, Alemania.
En 2014, fue devuelta a los herederos de Hugo y Elizabeth Andriessen y subastada en Christies Old Masters el 4 de septiembre de 2014. Con valoraciones previas entre $2 y $3 millones, el precio final de venta alcanzó los $5,093,000. Los fondos recaudados por la venta de la pintura fueron distribuidos entre cuatro organizaciones benéficas médicas.
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A la derecha, parcialmente oculto por las cortinas pesadas y opulentas que cierran el espacio, se distingue la figura de un hombre, vestido con ropas oscuras. Su presencia es discreta, casi fantasmal, sugiriendo un rol secundario en esta interacción. La luz tenue que lo ilumina contribuye a su carácter misterioso, dejando entrever una posible observación silenciosa del momento.
En primer plano, sobre un tapiz de rica ornamentación, se encuentra la jaula del loro, abierta y vacía. Este detalle es significativo; no solo indica la domesticidad del ave, sino que también podría interpretarse como una metáfora de la libertad restringida o de la posibilidad de escapar. La jaula, aunque presente, parece insignificante frente a la interacción directa entre la joven y el pájaro.
La paleta cromática se centra en tonos cálidos – ocres, marrones y dorados – que evocan una atmósfera de confort y prosperidad. El contraste con el azul del loro aporta un punto focal visual y añade una nota de exotismo. La iluminación es suave y difusa, creando una sensación de intimidad y recogimiento.
Más allá de la representación literal de una joven alimentando a un loro, esta pintura parece explorar temas como la domesticación, la libertad, la observación silenciosa y las relaciones interpersonales dentro del ámbito familiar. El contraste entre el lujo material (el tapiz, las cortinas) y la sencillez del acto de alimentar al ave sugiere una reflexión sobre los valores y prioridades de la época. La presencia del hombre en segundo plano invita a considerar dinámicas de poder o roles sociales implícitos en la escena. En definitiva, se trata de un retrato que trasciende lo anecdótico para adentrarse en una sutil exploración psicológica y social.