Giovanni Battista Tiepolo – TIME DISCOVERING TRUTH
Ubicación: Private Collection
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En la parte alta, una figura alada, presumiblemente personificando el Tiempo, domina la escena. Se le representa como un joven de aspecto sereno, vestido con ropajes vaporosos que se funden con las nubes. En su mano derecha sostiene un cáliz o copa, símbolo posiblemente asociado a la revelación o la verdad. El gesto es elevado, casi triunfal, y dirige la mirada hacia abajo, hacia el escenario terrestre. A sus pies, una leona, animal frecuentemente vinculado al poder y la nobleza, parece sostenerlo en su lomo, reforzando la idea de un Tiempo que se impone sobre las circunstancias.
La zona inferior está poblada por figuras humanas y animales en actitudes de sorpresa, confusión e incluso temor. Un grupo de hombres, vestidos con ropas toscas y desaliñadas, parecen ser testigos de la aparición del Tiempo. Uno de ellos, arrodillado, se cubre el rostro con las manos, mientras que otro intenta ocultarse tras un escudo roto, cuyo eje yace a sus pies. La presencia de una figura azulada, tendida en el suelo, añade un elemento de dramatismo y vulnerabilidad a la escena. La disposición de estos personajes sugiere una reacción ante una revelación inesperada o un cambio trascendental.
El uso del color es significativo: los tonos cálidos y dorados predominan en la parte superior, evocando la luz divina y el conocimiento, mientras que los colores más oscuros y terrosos definen la zona inferior, representando la ignorancia y las limitaciones humanas. La atmósfera general transmite una sensación de movimiento ascendente, como si el Tiempo estuviera descendiendo para iluminar a aquellos que habitan en la tierra.
Subtextualmente, la obra parece explorar la relación entre el tiempo, la verdad y la condición humana. El Tiempo no se presenta como un destructor, sino como un revelador, alguien que descorre el velo de la ignorancia y expone la realidad, aunque esta pueda ser incómoda o perturbadora para aquellos que prefieren permanecer en la oscuridad. La leona podría simbolizar la fuerza necesaria para afrontar esa verdad, mientras que las figuras humanas representan la diversidad de reacciones ante una revelación trascendental: desde el arrepentimiento hasta el miedo y la negación. El escudo roto sugiere la fragilidad de las defensas contra la verdad. En definitiva, se trata de una alegoría sobre el proceso del descubrimiento y la aceptación de la verdad, un tema recurrente en el arte occidental.