Still life with Lemons Oranges and Rose WGA Francisco De Zurbaran
Francisco De Zurbaran – Still life with Lemons Oranges and Rose WGA
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"Bodegón con limones y naranjas" fue pintado en 1633 por Francisco de Zurbarán. La mayor parte de su colección de pinturas está dedicada a escenas de la vida monástica, siendo su género favorito la naturaleza muerta. Este estilo de pintura demuestra claramente la capacidad única del pintor español para ver lo significativo y lo sublime en la prosa de la vida, su profundo interés y afecto por la tierra y las cosas que le rodean.
Descripción del cuadro "Naturaleza muerta con limones y naranjas" de Francisco de Zurbarán
"Bodegón con limones y naranjas" fue pintado en 1633 por Francisco de Zurbarán. La mayor parte de su colección de pinturas está dedicada a escenas de la vida monástica, siendo su género favorito la naturaleza muerta.
Este estilo de pintura demuestra claramente la capacidad única del pintor español para ver lo significativo y lo sublime en la prosa de la vida, su profundo interés y afecto por la tierra y las cosas que le rodean. Las naturalezas muertas están llenas de concisión y asombrosa armonía, dando a las cosas ordinarias poder y solemnidad.
El bodegón en cuestión consta de tres grupos de objetos: limones en un plato, naranjas en una pequeña cesta y una elegante taza sobre un platillo con una rosa. Su orden austero, alineado en una sola línea, es una de las señas de identidad del estilo de Surbaran. Con esta técnica, consigue la tridimensionalidad y obliga a prestar atención a cada objeto de la composición. Otro papel importante lo desempeñan los juegos de luces y sombras. Los contrastes de colores brillantes crean volumen y colorido.
Sorprendentemente, muchos especialistas ven en este cuadro una representación alegórica de la Santísima Trinidad. Las naranjas y el agua de la taza se asocian a la inocencia de la Virgen, mientras que la rosa, desprovista de espinas, es un símbolo de la Inmaculada Concepción. La rosa es un símbolo de la Inmaculada Concepción. Esta teoría puede ser muy acertada, dada la formación religiosa de Francisco de Zurbarán. Otros matices inusuales pueden rastrearse en la historia del cuadro.
Por ejemplo, al contrario de lo que dice el título, no muestra limones, sino cidras, que se diferencian de los primeros por su piel densa y abultada y su gran tamaño. Un descubrimiento inesperado tras una de las radiografías fue la presencia de otro platillo en una fase temprana de los trabajos. Debía colocarse entre los cítricos y las naranjas, y estaba relleno de trozos de patata caramelizada, un postre tradicional de la época.
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En el centro, una cesta de mimbre rebosa de frutas cítricas, principalmente naranjas y melocotones, entremezclados con hojas y flores blancas que sugieren un origen arbóreo exótico. La cesta, con su trama intrincada, aporta una nota de artesanía y rusticidad a la escena.
A la derecha, una taza de cerámica, ligeramente inclinada sobre su propio plato, completa el conjunto. Una única rosa, delicadamente representada, se apoya contra el borde de la taza, introduciendo un elemento de fragilidad y belleza efímera.
La iluminación es teatral, con una fuente de luz lateral que modela las formas y crea contrastes marcados entre luces y sombras. Esta técnica acentúa el volumen de los objetos y contribuye a una atmósfera de quietud contemplativa.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la transitoriedad de la vida y la belleza inherente en lo simple. La fruta, símbolo de abundancia y vitalidad, se presenta en un estado de madurez que anticipa su inevitable deterioro. La rosa, emblema del amor y la pasión, evoca la fugacidad de los placeres terrenales. El conjunto invita a una meditación sobre el paso del tiempo y la aceptación de la impermanencia. La sobriedad cromática, dominada por tonos ocres, dorados y verdes apagados, refuerza esta sensación de melancolía serena. La ausencia de figuras humanas o referencias contextuales enfatiza la introspección y la concentración en los objetos mismos, invitando al espectador a una observación pausada y reflexiva.