Alexander Roslin – Zoie Ghika, Moldavian Princess
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La paleta es predominantemente clara, dominada por tonos blanquecinos que definen tanto la vestimenta como los matices de la piel. Este uso del blanco acentúa la luminosidad y transmite una sensación de pureza o idealización. La tela, posiblemente seda o un tejido similar, presenta detalles intrincados en el escote y los puños, insinuando un cierto nivel social. Sobre su cabeza, se aprecia un elaborado turbante adornado con flores rosadas, elemento que aporta un toque de sofisticación y exótica elegancia a la composición.
La iluminación es suave y difusa, sin contrastes dramáticos, lo cual contribuye a una atmósfera serena y contemplativa. Se percibe una sutil modelado en los rasgos faciales, enfatizando la delicadeza del rostro y la expresión de cierta melancolía contenida. La boca está ligeramente entreabierta, sugiriendo un gesto natural, casi imperceptible, que le otorga a la retratada una apariencia de accesibilidad y vulnerabilidad.
El fondo oscuro, prácticamente neutro, concentra la atención en la figura principal, evitando distracciones innecesarias. La firma del artista, ubicada discretamente en la esquina inferior derecha, indica un trabajo realizado con precisión y maestría técnica.
Más allá de la representación literal, el retrato parece sugerir una reflexión sobre la identidad femenina dentro de un contexto social específico. La vestimenta, el peinado y la pose transmiten una imagen de refinamiento y distinción, pero también se intuye una cierta fragilidad o introspección en la mirada de la retratada. El turbante, con su alusión a culturas orientales, podría interpretarse como un símbolo de exotismo o de apertura a otras influencias culturales, reflejando quizás los gustos y las tendencias de la época. En definitiva, el retrato invita a una lectura que trasciende lo puramente superficial, insinuando una complejidad emocional y social en la figura representada.