Mauritshuis – Jan Mijtens - Portrait of Maria of Orange (1642-1688), with Hendrik van Zuijlestein (d. 1673) and a Servant
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A su izquierda, un niño pequeño, vestido con ropas más sencillas, lo acompaña, sosteniendo un objeto alargado que podría ser una vara o un cetro. Esta proximidad entre el joven y el niño implica una relación familiar, posiblemente de tutoría o herencia, donde el menor es presentado como sucesor potencial. La disposición del niño a su lado refuerza la idea de continuidad dinástica.
A la derecha, se aprecia la presencia de un hombre de piel oscura, ataviado con ropas más modestas y acompañado por un caballo ricamente adornado con una manta carmesí. La inclusión de esta figura es particularmente significativa en el contexto histórico de la época, donde la posesión de personas esclavizadas o sirvientes de origen africano era común entre las élites europeas. Su ubicación en la periferia del retrato, aunque presente, sugiere un estatus subordinado y refuerza la dinámica de poder inherente a la representación. La presencia del caballo, símbolo de nobleza y riqueza, acentúa aún más esta disparidad social.
El fondo, oscuro y difuso, está salpicado por fragmentos de vegetación que sugieren un entorno boscoso o campestre. Esta atmósfera sombría contrasta con la luminosidad que recae sobre las figuras principales, enfatizando su importancia y separándolas del trasfondo. La luz, cuidadosamente distribuida, modela los rostros y resalta los detalles de la vestimenta, contribuyendo a una sensación de opulencia y refinamiento.
En términos de subtexto, el retrato parece aludir a temas como la legitimidad, la herencia, el poder y las relaciones sociales jerárquicas propias del siglo XVII. La presencia de la figura africana plantea interrogantes sobre la representación de la esclavitud y el colonialismo en el arte de la época, ofreciendo una ventana a las complejas dinámicas culturales y económicas que caracterizaban a la sociedad europea de ese período. La composición general transmite un mensaje de estabilidad y continuidad, reforzando la imagen de una familia o dinastía poderosa y arraigada en su posición social.