Mauritshuis – Jan Davidsz de Heem - Sumptuous Fruit Still Life with Jewellery Box
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La abundancia es el rasgo dominante. Uvas blancas y moradas se amontonan junto a melones maduros, higos jugosos, cerezas rojas brillantes y una granada partida que revela sus semillas rubíes. Las texturas son meticulosamente representadas: la piel aterciopelada de los melones contrasta con el lustre ceroso de las uvas y la rugosidad de la cáscara de los higos. La luz, proveniente de un punto indefinido, incide sobre estas superficies, resaltando sus volúmenes y creando reflejos que intensifican su realismo.
En primer plano, una caja de joyería azul cobalto, decorada con detalles dorados y atada con cintas, introduce un elemento de lujo y misterio. Un flautín de madera descansa sobre la caja, sugiriendo quizás una vida de placeres refinados o una alusión a la fugacidad del tiempo – el instrumento musical, inútil sin intérprete, simboliza la decadencia inevitable incluso en medio de la abundancia.
En el fondo, un recipiente de metal pulido, posiblemente un jarrón o una pieza decorativa, se eleva sobre una tela roja que cae con teatralidad, creando una sensación de profundidad y dramatismo. Esta tela, con su textura rica y su color intenso, refuerza la atmósfera de riqueza y ostentación.
Más allá de la mera representación de objetos, el bodegón parece sugerir una reflexión sobre la vanitas. La fruta, en su madurez y aparente perfección, es un recordatorio de la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad del deterioro. La caja de joyería, símbolo de riqueza material, contrasta con la fragilidad inherente a los alimentos perecederos que la acompañan. El flautín, como ya se mencionó, evoca la pérdida y el olvido.
En definitiva, esta pintura no es simplemente una exhibición de frutas exquisitas; es una meditación sobre la belleza efímera, la riqueza material y la conciencia de la mortalidad, todo ello expresado a través de un virtuosismo técnico impresionante en la representación de texturas y luces. La composición invita a contemplar la naturaleza dual de la existencia: el goce del presente frente a la certeza del futuro.