Camille Pissarro – Sunrise, Rouen. (1898)
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La ciudad presenta una arquitectura variada: edificios de diferentes alturas y estilos se apiñan unos contra otros, creando un horizonte irregular. Una chimenea emite un hilo de humo que asciende hacia el cielo, señal inequívoca de actividad industrial. El agua del río refleja tenuemente los colores del cielo y la luz difusa, contribuyendo a una sensación de quietud y melancolía.
La paleta cromática es dominada por tonos cálidos: amarillos, naranjas y ocres que sugieren el primer resplandor del sol. Estos colores se suavizan y atenúan gracias a la niebla o bruma que impregna la escena, difuminando los contornos y creando una atmósfera etérea. La pincelada es suelta y fragmentaria, evidenciando un interés en capturar la impresión visual fugaz de un momento específico.
Más allá de la mera representación del paisaje urbano, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre el progreso industrial y sus efectos en el entorno natural. El humo que emana de la chimenea contrasta con la belleza serena del amanecer, insinuando una tensión entre la naturaleza y la actividad humana. La multitud difusa sobre el puente podría interpretarse como un símbolo de la vida cotidiana, anónima e indiferente ante los cambios que transforman el paisaje. La atmósfera general invita a la contemplación silenciosa, a una reflexión sobre la transitoriedad del tiempo y la fragilidad de la belleza. Se percibe una cierta nostalgia por un pasado quizás idealizado, donde la naturaleza y la vida humana coexistían en mayor armonía.