Camille Pissarro – Wash-House at Bougival, 1872 2
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En el extremo izquierdo, dos árboles desnudos se alzan verticalmente, sus ramas esqueléticas apuntando hacia arriba como si buscaran romper la opacidad del cielo. Una figura femenina, vestida con un atuendo que sugiere modestia y sencillez, se encuentra de pie cerca de los árboles, aparentemente absorta en su propia contemplación o quizás observando el movimiento en el río. Su postura es ligeramente inclinada, transmitiendo una sensación de introspección.
El curso del agua está salpicado de pequeñas embarcaciones, algunas con figuras a bordo, que sugieren actividad cotidiana y transporte. En la orilla opuesta, se vislumbran construcciones modestas, probablemente viviendas o talleres, rodeadas por una vegetación densa y desordenada. El humo que asciende desde algunos de estos edificios indica una actividad industrial en curso, aunque esta se presenta de manera sutil y no intrusiva.
La paleta de colores es predominantemente terrosa: verdes apagados, marrones, grises y ocres dominan la escena, acentuando la atmósfera sombría y melancólica. El pincelado es suelto e impresionista, con trazos rápidos y visibles que capturan la luz fugaz y los reflejos en el agua. La técnica contribuye a una sensación de inmediatez y espontaneidad.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas relacionados con el progreso industrial y sus efectos sobre el paisaje rural. La yuxtaposición del entorno natural con las señales de actividad humana sugiere una tensión entre lo tradicional y lo moderno. La figura femenina solitaria podría interpretarse como un símbolo de la fragilidad humana frente a los cambios sociales y económicos que caracterizan la época. El río, como elemento central, actúa como un espacio de transición y conexión entre diferentes mundos: el natural y el artificial, el pasado y el futuro. La atmósfera general evoca una sensación de nostalgia por un mundo en transformación, donde las tradiciones se desvanecen gradualmente ante el avance del progreso.