Camille Pissarro – View of Bazincourt, Flood, Morning Effect. (1892)
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En primer plano, se distinguen árboles de pequeño porte, sus ramas desnudas o escasamente frondosas, delineados con trazos seguros y expresivos. Unos matorrales bajos y una cerca rústica marcan el límite inferior del cuadro, introduciendo un elemento de contención en la inmensidad del agua.
El plano medio está ocupado por una línea de vegetación densa que se extiende a lo largo de la orilla opuesta. Entre los árboles, asoman las siluetas de algunas construcciones: una iglesia con su campanario apuntando hacia el cielo y unas pocas viviendas dispersas, indicativas de un asentamiento humano modesto. La atmósfera es brumosa; la distancia se atenúa en una neblina que difumina los detalles y crea una sensación de profundidad.
El tratamiento lumínico es fundamental para la interpretación de la obra. La luz matinal, filtrándose a través de las nubes, baña el paisaje con una tonalidad pálida y dorada. Esta iluminación no es uniforme; se concentra en ciertas áreas, acentuando la textura del agua y creando contrastes sutiles que dan volumen a los objetos representados.
Más allá de la descripción literal, la pintura parece sugerir una reflexión sobre la naturaleza transitoria y el poder transformador del agua. La inundación no se presenta como un desastre, sino como un fenómeno natural que altera la percepción del espacio y revela una nueva faceta del paisaje. La presencia de las construcciones humanas, aparentemente integradas en este entorno cambiante, podría interpretarse como una alusión a la fragilidad de la civilización frente a las fuerzas naturales. La quietud aparente de la escena, interrumpida únicamente por el movimiento implícito del agua, invita a la contemplación y a la reflexión sobre la relación entre el hombre y su entorno. La pincelada enérgica y la paleta cromática limitada contribuyen a crear una atmósfera melancólica pero serena, evocando un sentimiento de nostalgia y conexión con la tierra.