Gerard David – Altarpiece of St Michael
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El ángel se alza sobre una masa rocosa oscura y amenazante, donde una figura monstruosa, presumiblemente el demonio o una encarnación del mal, lucha contra él. La bestia, representada con detalles grotescos y una expresión de furia contenida, intenta aferrarse a la figura celestial, pero es repelida por su fuerza. Esta confrontación simboliza la batalla entre el bien y el mal, un tema recurrente en la iconografía religiosa.
En el fondo, se aprecia una visión apocalíptica: una multitud de ángeles, iluminados por una luz dorada, asciende hacia el cielo. La atmósfera es opresiva, con nubes oscuras que sugieren peligro e incertidumbre. Esta representación del reino celestial contrasta fuertemente con la lucha terrenal que se desarrolla en primer plano, enfatizando la trascendencia de la victoria espiritual sobre las fuerzas del mal.
La paleta cromática está dominada por tonos cálidos y contrastantes: el rojo intenso del manto angelical resalta contra el negro profundo de la roca y la figura demoníaca. El uso de la luz es significativo; ilumina al ángel y a los ángeles celestiales, mientras que las sombras envuelven a la bestia y a la base de la composición, creando una sensación de dramatismo y tensión.
La composición general sugiere un mensaje de esperanza y redención. A pesar de la presencia del mal y la lucha constante contra él, la figura angelical emerge como símbolo de victoria y protección divina. La obra invita a la reflexión sobre la naturaleza del bien y el mal, y sobre la importancia de la fe en tiempos de adversidad. El detalle en las texturas, tanto en la roca escarpada como en los pliegues del manto, denota una maestría técnica considerable por parte del artista.