Leda and the swan Francois Boucher (1703-1770)
Francois Boucher – Leda and the swan
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Pintor: Francois Boucher
Ubicación: County Museum of Art, Los Angeles.
François Boucher fue quizás el representante más destacado de la pintura de la época rococó francesa. El artista ganó numerosos premios a lo largo de su vida y fue "su hombre" en la corte de Luis XV, cuyos retratos, los de la famosa marquesa de Pompadour, pintó en numerosas ocasiones. Su talento es polifacético: pintó lienzos, hizo telones de fondo para el teatro, creó grabados, pintó porcelana, pintó abanicos y realizó diseños para telas.
Descripción del cuadro "Leda y el cisne" de François Boucher
François Boucher fue quizás el representante más destacado de la pintura de la época rococó francesa. El artista ganó numerosos premios a lo largo de su vida y fue "su hombre" en la corte de Luis XV, cuyos retratos, los de la famosa marquesa de Pompadour, pintó en numerosas ocasiones. Su talento es polifacético: pintó lienzos, hizo telones de fondo para el teatro, creó grabados, pintó porcelana, pintó abanicos y realizó diseños para telas. Pero donde más se ha manifestado su talento ha sido en la pintura, representando escenas mitológicas y bíblicas. Los paisajes pastorales y los edificios antiguos, que no existían en la realidad, siempre les servían de fondo. Intentó transformar sus cuadros mitológicos en pinturas sobre porcelana. En estas obras utilizaba muchos colores brillantes, pero el tono general daba lugar a un esquema de color rosa-oro chispeante que resultaba decorativo y festivo. Todos los personajes de sus escenas de género son sensuales, coloridos y desenfadados.
La historia de Leda y el cisne es el relato clásico de la seducción de una joven, esposa del rey espartano, por parte de Zeus, que toma la forma de un gran pájaro blanco. Como historia, la leyenda ha sido muy popular tanto en el arte como en la literatura. Las esculturas y mosaicos que representan a Leda y a su amiga alada se remontan a la antigüedad. Durante el Cinquecento el tema se hizo especialmente popular y fue objeto de pinturas de Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y Caravaggio. En la interpretación de Boucher, la escena adquiere un carácter carnal y erótico; el cuerpo de Leda aparece terrenal y sexual. Al mismo tiempo, el pintor francés pinta el lienzo con su característica facilidad: poco serio y brillante, no evoca ninguna asociación especialmente vil.
En "Leda y el cisne", el pájaro blanco, curvando su fino cuello, alcanza con tensión a la bella mujer desnuda. Leda mira al cisne con coquetería y lujuria. Estas imágenes frívolas "al límite de lo correcto" estaban muy de moda en la época; la gente adinerada las compraba para decorar sus interiores.
Se cree que Boucher pintaba deliberadamente sus cuadros para que armonizaran con los colores de los tapices, los muebles y la vajilla. Los azules y verdes fuertes del fondo se diluyen con el suave brillo de los rosas y dorados carnosos en la representación de los cuerpos; las plumas del cisne muestran un delicado brillo lila. Los pliegues de los velos están pintados en color escarlata intenso y amarillo ocre. Los cuerpos de las bellezas están pintados de acuerdo con las tendencias de la moda de la época: regordetes, hinchados y terrosos, con abundantes pliegues finos. En la época del rococó, sólo este tipo de cuerpo se consideraba bello.
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En esta composición, el espectador observa a dos figuras femeninas recostadas en un entorno natural exuberante y sombrío. La escena se desarrolla cerca de una masa de agua, presumiblemente un lago o río, rodeado de densa vegetación que incluye árboles con follaje abundante y flores silvestres.
Una de las mujeres, situada a la izquierda, extiende su brazo hacia arriba en un gesto que podría interpretarse como sorpresa o rechazo. Su mirada se dirige al animal que se encuentra frente a ella: un cisne blanco de gran tamaño. La figura femenina exhibe una postura relajada y sensual, con el cuerpo parcialmente cubierto por telas rojas y anaranjadas que sugieren cierto pudor, aunque su desnudez es evidente.
La segunda mujer, ubicada a la derecha, se encuentra en una posición más sumisa o contemplativa. Su cabeza está inclinada hacia abajo, y sus ojos parecen enfocados en el cisne con una expresión de fascinación o resignación. Al igual que la primera figura, esta también está parcialmente desnuda, con telas similares cubriendo su cuerpo.
El cisne es un elemento central de la pintura. Su presencia imponente y su color blanco contrastan con los tonos más oscuros del entorno y las figuras femeninas. El animal parece estar interactuando directamente con las mujeres, lo que sugiere una conexión significativa entre ellos.
La luz en la obra es difusa y suave, creando un ambiente íntimo y misterioso. Los colores son ricos y vibrantes, pero también hay una sensación de oscuridad y melancolía presente. La composición general es dinámica y fluida, con las figuras femeninas y el cisne formando un triángulo visual que atrae la atención del espectador.
Subtextos potenciales:
La escena evoca temas relacionados con la mitología, la fertilidad y la transformación. El cisne, a menudo asociado con Afrodita o Venus, podría simbolizar el deseo sexual o la belleza idealizada. La interacción entre las mujeres y el animal sugiere una posible violación o seducción forzada. Las expresiones faciales de las figuras femeninas indican ambivalencia: hay elementos de placer y resistencia presentes en sus posturas y miradas.
La exuberancia del entorno natural podría representar un paraíso perdido o un espacio donde las convenciones sociales no se aplican. La oscuridad presente en la pintura sugiere que esta escena idílica también esconde peligros o secretos. En general, la obra plantea preguntas sobre el poder, la vulnerabilidad y la naturaleza de la experiencia femenina.