Gustave Moreau – Thracian Girl Carrying the Head of Orpheus 1864
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La obra presenta a una joven figura femenina en un entorno natural agreste y sombrío. La muchacha, vestida con ropas que sugieren una conexión con el mundo rural o incluso pastoril –un vestido rojizo sobre el cual se superpone una túnica más oscura–, sostiene delicadamente la cabeza de un hombre decapitado. Su mirada está baja, dirigida hacia el objeto que abraza, transmitiendo una profunda tristeza y recogimiento. Un halo luminoso rodea su cabeza, otorgándole un aire casi místico o divino.
El paisaje circundante es rocoso y boscoso, con montañas elevándose en la distancia. La vegetación parece densa y salvaje, reforzando la sensación de aislamiento y melancolía. Se observan ramas frutales cargadas, posiblemente granados, que añaden un simbolismo relacionado con el inframundo y la muerte, dado su vínculo tradicional con Perséfone.
La paleta cromática es terrosa y apagada, dominada por tonos ocres, marrones y rojizos, lo cual acentúa la atmósfera de luto y desesperación. La pincelada es suelta y expresiva, creando una textura rica que enfatiza el dramatismo de la escena.
Subtextos potenciales sugieren un relato trágico o mitológico. El acto de portar la cabeza podría interpretarse como un ritual funerario, un signo de luto profundo o incluso una consecuencia de un crimen pasional. La figura femenina no parece ser una verduga, sino más bien una víctima o una testigo impotente del destino acaecido. Su halo y su actitud contemplativa podrían indicar que se trata de una entidad sobrenatural o una personificación de la pena misma.
La presencia de elementos naturales como las montañas y los árboles puede simbolizar la fuerza implacable del destino, mientras que el río en primer plano podría representar el paso inexorable del tiempo y la inevitabilidad de la muerte. La obra evoca un sentimiento de pérdida irreparable y una reflexión sobre la fragilidad de la vida humana frente a las fuerzas de la naturaleza y el poder de los dioses.