Part 4 – Rogier van der Weyden (1400-1464) - Altar of the Virgin - Holy Family, Lamentation of Christ, Christ Appearing to Mary
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En el panel izquierdo, la Virgen María, ataviada con un manto azul pálido, sostiene al Niño Jesús, quien parece buscar refugio en su regazo. A su lado, San Juan Bautista, vestido de rojo, observa la escena con una expresión que oscila entre la veneración y la melancolía. La luz ilumina sus rostros con una suavidad casi irreal, acentuando la atmósfera de recogimiento y devoción.
El panel central concentra el peso dramático de la obra. Un hombre desplomado, desnudo hasta el torso, yace sobre un lecho elevado, su cuerpo marcado por las heridas de la crucifixión. Alrededor de él se congregan figuras que expresan dolor y consternación: una figura anciana, probablemente San José, inclina su cabeza en señal de lamento; otro hombre, vestido de azul, parece ofrecer consuelo o apoyo al difunto. La perspectiva abierta tras ellos revela un paisaje distante, casi onírico, que contrasta con la inmediatez del sufrimiento representado.
Finalmente, el panel derecho presenta una aparición sobrenatural. Una figura masculina, vestida con ropajes rojos y portando un halo sutil, se muestra a una mujer envuelta en un velo blanco. La escena está bañada por una luz más intensa que las anteriores, sugiriendo una intervención divina o una revelación trascendente. La postura de la mujer, inclinada en señal de reverencia, denota respeto y sumisión ante lo divino.
Más allá de la representación literal de los eventos narrados, la pintura parece explorar temas como el dolor, la redención, la fe y la esperanza. La disposición de las figuras, la iluminación cuidadosamente calibrada y la composición equilibrada contribuyen a crear una atmósfera de profunda emotividad que invita a la contemplación. La repetición del color rojo en varias figuras sugiere un simbolismo asociado al sacrificio o la pasión. El uso de arcos apuntados no solo define los espacios visuales sino que también evoca una sensación de elevación espiritual, reforzando el mensaje religioso subyacente. La minuciosidad en la representación de las texturas – desde la suavidad del manto hasta la crudeza de las heridas– demuestra un dominio técnico excepcional y un deseo de transmitir la máxima verosimilitud a la escena representada.