Château de Versailles – Jollain, Nicolas-René -- Clytie changée en tournesol
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A su lado, un pequeño puto, aparentemente Cupido, la observa con una expresión ambivalente; no hay compasión evidente en sus facciones, sino más bien una cierta indiferencia o incluso curiosidad ante el sufrimiento de la mujer. El puto se apoya sobre lo que parece ser una lanza o vara, cuyo extremo florece en un girasol, elemento clave para comprender la narrativa subyacente.
En segundo plano, otro puto, situado sobre una roca cubierta de vegetación, levanta sus brazos hacia el cielo, como si fuera testigo del evento o participara de alguna manera en él. El paisaje que se extiende detrás de los personajes es un bosque oscuro y profundo, con la luz del atardecer filtrándose entre las ramas, creando una atmósfera melancólica y opresiva. La presencia de girasoles, concentrados a la izquierda de la composición, refuerza el simbolismo de la transformación en curso.
El autor ha empleado una técnica que enfatiza el contraste entre la carne desnuda de la mujer y los tejidos del manto, así como entre las zonas iluminadas y las sombras profundas. Esta contraposición contribuye a crear una sensación de tensión dramática y a dirigir la mirada del espectador hacia la figura principal. La composición general es piramidal, con la mujer en el vértice, lo que acentúa su importancia dentro de la escena.
Subyace aquí una reflexión sobre la fragilidad humana, la inevitabilidad del destino y la crueldad de los dioses. La transformación no se presenta como un acto benigno, sino como una pérdida dolorosa e irreversible. El puto, en su rol de mensajero divino, parece desprovisto de empatía, lo que sugiere una visión pesimista de la relación entre los humanos y las fuerzas superiores. El girasol, símbolo del sol y por ende de la divinidad, se convierte aquí en el presagio de una nueva identidad, una existencia vegetal marcada por la inmovilidad y la dependencia de la luz. La escena evoca un sentimiento de melancolía y pérdida, invitando a la contemplación sobre la naturaleza transitoria de la belleza y la vida misma.