Château de Versailles – Jean-Marc Nattier -- Jeanne-Antoinette Poisson (1722-1764), Marquise de Pompadour, represented as Diana the Huntress
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La paleta cromática se centra en tonos fríos: azules profundos y verdes apagados dominan las vestimentas y el paisaje de fondo, contrastando con los tonos rosados y pálidos del rostro y la piel. Este contraste acentúa la luminosidad facial y enfatiza una apariencia de pureza e inocencia, a pesar de la evidente opulencia que sugiere la indumentaria.
La mujer sostiene un arco dorado, elemento clave en la composición. El arco, símbolo tradicional de la diosa Diana, implica una asociación con la caza, la virtud, la luna y la independencia. La piel de guepardo sobre sus hombros refuerza esta conexión con el mundo salvaje y la nobleza del espíritu cazador. La presencia de la piel también puede interpretarse como un indicio de poder y dominio sobre la naturaleza.
El paisaje que sirve de telón de fondo es una construcción artificial, un bosque idealizado donde la luz se filtra a través de las hojas creando una atmósfera etérea. Esta ambientación no busca representar una realidad tangible, sino más bien evocar un espacio simbólico, un refugio seguro y apartado del mundo terrenal.
La composición en su conjunto transmite una imagen de sofisticada elegancia y poder sutil. La figura femenina se presenta como una personificación de la belleza idealizada, pero también como una mujer con autoridad y dominio propio. El uso de la iconografía mitológica permite al artista elevar a la retratada a un estatus superior, sugiriendo cualidades de nobleza, virtud y fuerza interior. Se intuye una intención de legitimar su posición social mediante la asociación con una figura divina. La mirada directa, el gesto sereno y la postura imponente contribuyen a crear una imagen que busca proyectar una impresión duradera de poderío y refinamiento.