Uffizi – Andrea Mantegna - Adoration of the three kings
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El espacio se divide en varios planos. En primer término, los personajes principales ocupan el centro del interés, iluminados por una luz tenue que resalta sus figuras. Detrás de ellos, un gran peñón rocoso domina la escena, creando una barrera visual y acentuando la sensación de profundidad. En este mismo plano se aprecia una multitud de personas, posiblemente los pajes o acompañantes de los adoradores, que avanzan hacia el grupo central a través de un camino sinuoso. La perspectiva aérea difumina las figuras más lejanas, sugiriendo una extensión indefinida del espacio.
La luz juega un papel fundamental en la obra. No es una iluminación uniforme; se concentra en ciertos puntos clave, como los rostros de los personajes principales y el pedestal donde se depositan las ofrendas. Esta focalización lumínica contribuye a crear una atmósfera solemne y misteriosa. En el extremo derecho superior, un grupo de ángeles resalta por su luminosidad, casi como si emanaran luz propia.
La paleta cromática es rica en tonos cálidos: ocres, dorados, rojos y marrones predominan, aunque se contrastan con azules más fríos en el cielo y las ropas de algunos personajes. Esta combinación de colores contribuye a la sensación de opulencia y solemnidad que caracteriza la escena.
Más allá de la representación literal del evento religioso, la obra sugiere una reflexión sobre la jerarquía social y el poder. La multitud de personas que se acercan al grupo central puede interpretarse como una representación de la sumisión y la veneración hacia la divinidad. La monumentalidad del peñón rocoso podría simbolizar las barreras físicas y sociales que separan a los mortales de lo divino. El uso de la perspectiva inusual, con su sensación de desequilibrio, puede interpretarse como una representación de la fragilidad humana frente a la grandeza de Dios. La composición general transmite un mensaje de humildad y reverencia ante el misterio de la fe.