Part 1 National Gallery UK – After Hugo van der Goes - The Death of the Virgin
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La disposición de los personajes es notablemente heterogénea. Un grupo considerable de hombres, vestidos con túnicas de colores variados – verdes, rojos, ocres – se agolpa alrededor del lecho, mostrando expresiones de duelo, consternación e incluso confusión. Algunos parecen inclinar la cabeza en señal de respeto o plegaria, mientras que otros observan con una mezcla de curiosidad y angustia. La variedad cromática de sus vestimentas contribuye a la sensación de movimiento y dinamismo dentro del encuadre.
En el extremo derecho, un grupo angelical se presenta, elevándose sobre la escena principal. Su presencia introduce una dimensión espiritual y trascendente al evento representado, sugiriendo la intervención divina en el momento de la muerte. La figura central de este conjunto angelical parece sostener un objeto con forma de corona o halo, reforzando su papel como mensajero celestial.
La mujer recostada sobre el lecho se presenta cubierta por una mortaja blanca, que resalta su palidez y fragilidad. Su rostro, aunque parcialmente oculto, transmite una serenidad inusual en un contexto de muerte, lo cual podría interpretarse como una aceptación pacífica del destino o la promesa de una vida eterna.
El suelo, cubierto con baldosas geométricas, aporta una nota de orden y estabilidad a la composición, contrastando con el caos emocional que se despliega en la escena superior. Un libro abierto sobre el suelo, cerca de los pies de la figura femenina, podría simbolizar la palabra divina o el conocimiento trascendente.
Subtextualmente, la pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza del sufrimiento humano, la fe y la esperanza ante la muerte. La diversidad de reacciones entre los presentes sugiere una variedad de interpretaciones frente a la pérdida, mientras que la presencia angelical apunta a un consuelo espiritual más allá de lo terrenal. El contraste entre el mundo material, representado por los hombres reunidos, y el reino celestial, simbolizado por los ángeles, acentúa la dualidad inherente a la condición humana: la tensión entre la vida y la muerte, lo visible y lo invisible. La composición fragmentada y la falta de una jerarquía visual clara podrían interpretarse como una representación de la incertidumbre y la complejidad del proceso de duelo.