Jan Brueghel the Younger – Allegory of the Five Senses
Ubicación: Private Collection
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En el centro del plano, una figura femenina, ataviada con ropajes ricos y un velo que apenas disimula su rostro, se presenta como eje central de la representación. Sostiene un instrumento musical, posiblemente una lira o cítara, y parece estar iniciando una melodía. A su alrededor, un grupo heterogéneo de personajes interactúa en un ambiente de aparente deleite.
A la izquierda, una mujer con vestimentas rojas se ofrece una fruta, mientras que a sus pies, un perro blanco observa atentamente la escena. La proximidad del animal sugiere una conexión entre el mundo humano y natural, añadiendo un elemento de domesticación y disfrute sensorial. Más allá, otra figura femenina, envuelta en un manto blanco, parece contemplar con detenimiento los frutos esparcidos sobre una mesa.
En el extremo derecho, una mujer vestida de rojo señala hacia arriba, como si invitara a la contemplación de algo que trasciende lo terrenal. Un niño pequeño, aferrado a su falda, observa la misma dirección, reforzando la idea de transmisión o legado.
La presencia de querubines dispersos por toda la composición introduce una dimensión celestial y un elemento de juego. Uno de ellos sostiene una cesta llena de flores, otro acaricia una fruta, mientras que otros más parecen participar en el festín sensorial general. Un globo terráqueo sobre una mesa sugiere una referencia al conocimiento y a la comprensión del mundo.
La pintura parece explorar la naturaleza de los sentidos y su capacidad para evocar placer, curiosidad e incluso un cierto anhelo. La disposición de las figuras, la riqueza cromática y el detallado tratamiento de las texturas contribuyen a crear una atmósfera de intensa sensualidad, donde lo visual, lo auditivo, lo olfativo, el gusto y el tacto se entrelazan en una experiencia estética completa. La escena no es simplemente un registro de placeres mundanos; parece sugerir una reflexión sobre la fragilidad de los sentidos y su capacidad para transportarnos a otros planos de existencia. La composición invita a la contemplación del efímero, de lo bello y de la complejidad inherente a la experiencia humana.