Bernardo Daddi – Triptych
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El panel central domina la escena. En él, una figura femenina, presumiblemente una Virgen María, se presenta sentada en un trono ricamente decorado. Sostiene en su regazo a un niño pequeño, probablemente Jesús. Alrededor de ellos, un grupo de ángeles y figuras humanas observan con expresiones de reverencia y contemplación. La Virgen viste una túnica azul oscuro, color que tradicionalmente se asocia con la divinidad y la nobleza. Su rostro es sereno y su mirada transmite compasión y bondad.
Los paneles laterales complementan el tema central. A la izquierda, se representa una escena doméstica, posiblemente un episodio de la vida de la Virgen o de los santos asociados a ella. Se aprecia una mesa con utensilios y figuras que parecen estar realizando tareas cotidianas, aunque en un contexto idealizado y sagrado. A la derecha, se visualiza una crucifixión. El cuerpo del crucificado está representado con realismo, mostrando el sufrimiento y la agonía. La composición es más dramática y sombría que la del panel central, contrastando con la serenidad de la Virgen.
La paleta cromática es limitada pero efectiva. Predominan los tonos dorados en la arquitectura, el azul oscuro en las túnicas de la Virgen y el rojo en algunos detalles. La luz parece provenir de una fuente externa, iluminando las figuras principales y creando un ambiente místico.
Subtextualmente, esta obra parece explorar temas como la maternidad divina, la redención a través del sacrificio y la conexión entre lo terrenal y lo celestial. El contraste entre el panel central, que representa la gracia y la esperanza, y los paneles laterales, que aluden al sufrimiento y a la vida cotidiana, sugiere una reflexión sobre la complejidad de la fe y la condición humana. La disposición arquitectónica refuerza la idea de un espacio sagrado, un lugar de encuentro entre lo divino y lo humano. La atención al detalle en las figuras y en el entorno denota una intención de transmitir una narrativa religiosa con precisión y devoción.