Pierre Bonnard – The terrace at vernon, 1920.reworked 1939
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El autor ha dispuesto a dos figuras centrales: una mujer, vestida con un atuendo amarillo, se encuentra de pie frente a una mesa cubierta con un mantel blanco. En sus manos sostiene una bandeja con lo que parecen ser verduras o frutas, ofreciéndolas quizás a la otra figura presente, una mujer más distante, que porta una cesta y parece estar ocupada en alguna tarea doméstica. La segunda mujer está parcialmente oculta por el volumen de un árbol, creando una sensación de misterio y limitando su visibilidad.
El espacio se define por una serie de planos superpuestos: la terraza misma, los árboles que forman parte del entorno, y un paisaje distante que se adivina a través de las ramas. La perspectiva no es convencional; el autor parece más interesado en capturar la impresión general de la luz y el color que en representar fielmente la profundidad espacial.
La composición transmite una sensación de quietud y contemplación. No hay acción evidente, sino una pausa en el tiempo, un momento de intimidad entre las dos mujeres. La presencia del árbol, con su tronco vertical y su follaje exuberante, actúa como un elemento simbólico que podría representar la vida, la fertilidad o incluso una barrera protectora.
Subyacentemente, se percibe una cierta melancolía en la escena. Los colores, aunque vibrantes, están atenuados por una atmósfera difusa que sugiere una pérdida de claridad y nitidez. La figura femenina vestida de amarillo parece absorta en sus pensamientos, mientras que la otra mujer permanece distante e inexpresiva. Esta combinación de elementos crea una sensación de nostalgia y un anhelo por algo indefinido. El uso del color violeta, a menudo asociado con el duelo o la reflexión, refuerza esta impresión.
En definitiva, la obra no se presenta como una mera representación de una escena cotidiana, sino como una exploración poética de los sentimientos humanos, donde la luz, el color y la composición se combinan para evocar un estado de ánimo complejo y sugerente.