Walter Girotto – G 425 lrg
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Una segunda figura, contenida dentro de una jaula rectangular que el arlequín sostiene en su pecho, capta la atención inmediata. Este payaso encierrado exhibe un rostro exageradamente maquillado y una expresión de angustia palpable. La jaula no solo lo aísla físicamente, sino que también simboliza una restricción emocional o intelectual. La proximidad física entre ambos personajes sugiere una relación compleja: ¿es el arlequín su captor, su reflejo, o quizás una manifestación de su propia prisión interior?
El gesto del brazo extendido del arlequín, apuntando hacia fuera del plano del dibujo, podría interpretarse como un ofrecimiento, una invitación a la observación, o incluso una amenaza velada. La técnica del carboncillo, con sus degradados sutiles y las áreas de sombra profunda, contribuye a una atmósfera de misterio y opresión psicológica. La paleta monocromática acentúa la sensación de desolación y enfatiza el contraste entre la figura dominante y su prisionero.
Subyace en esta obra una reflexión sobre la naturaleza del entretenimiento, la máscara social y la represión emocional. El dibujo parece explorar la dualidad inherente al arlequín: la fachada alegre que oculta un sufrimiento profundo. La jaula, como símbolo recurrente en el arte, evoca temas de confinamiento, pérdida de libertad y la fragilidad de la identidad. La ausencia de color intensifica la carga emocional del dibujo, invitando a una introspección sobre los aspectos más oscuros de la condición humana.