Vasily Kandinsky – Horseman Saint George. 1915 -
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La ciudad, ubicada en la parte superior del cuadro, se presenta como una acumulación de formas arquitectónicas estilizadas, casi fantásticas. La paleta de colores es rica y variada: rojos, azules, violetas y amarillos se entrelazan para crear una atmósfera vibrante y a la vez inquietante. La luz parece emanar desde múltiples fuentes, intensificando el dramatismo de la escena.
A la izquierda, un personaje con rasgos alargados y vestimentas que recuerdan a una figura religiosa o mítica, extiende sus brazos en una pose de súplica o bendición. Su presencia introduce una dimensión espiritual al relato visual. En contraste, a la derecha, se aprecia una forma orgánica, casi vegetal, que se eleva hacia el cielo, creando un contrapunto con la estructura geométrica de la ciudad.
La composición no busca la representación realista; más bien, prioriza la expresión emocional y simbólica. La distorsión de las formas, la simplificación de los detalles y la intensidad cromática sugieren una narrativa alegórica, posiblemente relacionada con temas como el heroísmo, la fe, la lucha entre el bien y el mal o la confrontación con lo desconocido. La ciudad amurallada podría interpretarse como un símbolo de opresión o desafío, mientras que el jinete representa la esperanza o la liberación. La yuxtaposición de elementos religiosos y guerreros apunta a una reflexión sobre la naturaleza humana y su relación con el poder, la espiritualidad y el destino. El uso del color no es descriptivo sino expresivo, contribuyendo a la atmósfera tensa y cargada de significado que impregna toda la obra.