Antonio Carnicero – Picador Thrusts His Lance into a Bull (Collection of the Main Maneuvers in Bullfighting)
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Aquí se observa una escena de lidia, representada con un estilo gráfico que sugiere una ejecución precisa y detallada, posiblemente destinada a ser didáctica o ilustrativa. El foco central recae en el momento crucial del picado: el picador, montado sobre su caballo, introduce la lanza en el cuello del toro. La composición se articula alrededor de esta acción principal, con los demás elementos sirviendo para contextualizarla y enfatizar su dramatismo.
El toro, representado con una musculatura tensa y un gesto de furia contenida, es el eje de toda la escena. Su cabeza está inclinada hacia abajo, mostrando la vulnerabilidad del punto atacado, mientras que sus patas traseras se elevan en un movimiento brusco. El caballo, igualmente dinámico, comparte la tensión del momento, con las riendas tensas y una postura que refleja el esfuerzo por mantener el equilibrio durante el ataque.
El picador mismo aparece como una figura controlada y concentrada, su rostro oculto bajo el ala de su sombrero, lo que sugiere un distanciamiento emocional frente a la violencia inherente a la escena. Su posición sobre el caballo le otorga una perspectiva elevada, simbolizando quizás una superioridad técnica o social en relación con el toro. A la derecha, se aprecia otra figura, presumiblemente un banderillero, en una postura de alerta y anticipación, listo para intervenir tras el picado.
La barrera del ruedo, delineada con líneas horizontales paralelas, establece los límites físicos del espacio de la lidia y contribuye a la sensación de encierro y control. La ausencia de público o elementos decorativos refuerza la idea de que se trata de una representación funcional, centrada en la técnica y el ritual de la corrida.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre la relación entre hombre y bestia, el dominio del uno sobre el otro, y la naturaleza del espectáculo. La precisión con la que se representa la violencia sugiere una aceptación tácita de esta como parte integral de una tradición cultural. El anonimato del picador podría interpretarse como una crítica implícita a la deshumanización inherente al acto de lidia, o bien como un intento de enfatizar el papel del oficio por encima de la individualidad. La composición, con su énfasis en la técnica y el control, sugiere una visión idealizada de la corrida, donde la habilidad y la precisión prevalecen sobre la brutalidad.