Jan Brueghel The Elder – Rest on the Flight into Egypt
Ubicación: Private Collection
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En el frente, una mujer, vestida con un manto azul intenso, está sentada sobre un suelo rocoso. En su regazo reposa un niño pequeño, envuelto en telas. A su lado, un hombre, ataviado con ropas sencillas y de tonos terrosos, parece observar el entorno. Un perro, de tamaño modesto, se encuentra a sus pies, añadiendo una nota de cotidianidad a la escena. La vegetación es densa y exuberante; un árbol frondoso enmarca parcialmente la composición, creando una sensación de refugio y protección.
Sobre ellos, dos figuras aladas, presumiblemente ángeles, flotan en el aire, observando con semblante sereno. Su presencia introduce una dimensión espiritual a la narrativa terrenal que se desarrolla abajo.
El paisaje de fondo es vasto e impresionante. Se distinguen montañas lejanas, cubiertas por una bruma azulada, y un horizonte donde se vislumbra una ciudad o asentamiento humano. El cielo, con sus tonalidades cambiantes, sugiere una atmósfera dinámica y llena de posibilidades. Un ave en vuelo añade movimiento a la escena, dirigiendo la mirada del espectador hacia el horizonte lejano.
La luz juega un papel crucial en esta pintura. Proviene principalmente de la izquierda, iluminando los rostros de las figuras principales y creando contrastes dramáticos con las zonas más oscuras del paisaje. Esta iluminación resalta la vulnerabilidad y la fragilidad de los personajes, al tiempo que enfatiza la grandiosidad del entorno natural.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de refugio, protección divina y esperanza en medio de la adversidad. El manto azul de la mujer sugiere una conexión con lo sagrado, mientras que el paisaje montañoso simboliza un viaje o una búsqueda. La presencia del perro evoca la fidelidad y la compañía, incluso en los momentos más difíciles. Los ángeles, como mensajeros celestiales, insinúan una intervención divina en los asuntos humanos. El horizonte lejano, con su ciudad prometida, representa quizás la esperanza de un futuro mejor. En conjunto, la pintura transmite una sensación de paz interior y de fe inquebrantable ante las incertidumbres del destino.