Jan Brueghel The Elder – Virgin and Child in a Garland of Flowers
Ubicación: Pinacoteca Ambrosiana, Milano.
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En el centro de la composición se observa una representación de la Virgen María sosteniendo a un niño pequeño en sus brazos. La escena, contenida dentro de un óvalo oscuro, presenta a la madre con un manto azul y una expresión serena, mientras que el infante mira directamente al espectador con una actitud inocente. El fondo detrás de las figuras es un paisaje difuso, insinuando un entorno natural pero sin detalles precisos.
Lo más llamativo de la obra es el elaborado marco floral que rodea a la Virgen y al Niño. Se trata de una guirnalda densamente poblada de flores variadas: rosas, tulipanes, narcisos, campanillas y otras especies se entrelazan en un despliegue cromático exuberante. La diversidad botánica sugiere una atención meticulosa al detalle y un conocimiento profundo del mundo natural.
La elección de las flores no parece aleatoria. Cada especie podría portar un simbolismo específico, vinculado a atributos marianos o a la infancia de Cristo. Las rosas, por ejemplo, tradicionalmente asociadas con el amor y la pureza, podrían referirse a la Virgen como Madre de Dios. La presencia de frutos también es notable, posiblemente aludiendo a la fertilidad y la abundancia.
El contraste entre la oscuridad del fondo central y la vivacidad de la guirnalda floral crea un efecto dramático que enfatiza la importancia de las figuras religiosas. El círculo formado por las flores puede interpretarse como una corona o un halo simbólico, elevando el estatus de la Virgen y el Niño a lo sagrado.
La pintura sugiere una reflexión sobre la maternidad divina, la pureza y la inocencia. La guirnalda floral, más que un mero ornamento, se convierte en un lenguaje visual complejo que invita a la contemplación y a la interpretación teológica. El uso de elementos naturales para enmarcar lo sagrado podría interpretarse como una forma de conectar el mundo terrenal con el divino, o como una celebración de la belleza creada por Dios.