Jan Brueghel The Elder – Summer
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El grupo central está dominado por figuras femeninas, vestidas con túnicas de colores vivos – azules, rojos y dorados – que parecen moverse en un ritual de recolección de frutos. Algunas sostienen cestos rebosantes de uvas y otras frutas, mientras que otras participan en una danza o celebración aparentemente espontánea. La presencia de niños, representados con la inocencia propia de los putti, refuerza el carácter festivo y la idea de fertilidad inherente al verano. Un perro, situado entre las figuras centrales, añade un elemento de domesticación y familiaridad a la escena.
El autor ha distribuido la luz de manera estratégica para acentuar la vitalidad del conjunto. Los cuerpos se modelan con una técnica que sugiere volumen y movimiento, mientras que los colores cálidos contribuyen a crear una atmósfera de opulencia y abundancia. La vegetación es particularmente rica en detalles; las hojas y ramas están pintadas con meticulosidad, creando un efecto de profundidad y realismo.
En el plano izquierdo, la perspectiva se abre hacia un campo cultivado, donde se intuyen figuras trabajando la tierra. Esta inclusión sugiere una conexión entre la celebración presente y el esfuerzo humano necesario para obtener los frutos que ahora se disfrutan. La ciudad lejana, aunque difusa, podría simbolizar la civilización o el orden contrastando con la naturaleza salvaje y exuberante del entorno inmediato.
Subyace en esta composición una idealización de la vida rural y un elogio a la generosidad de la naturaleza. La escena no es simplemente una representación de la recolección de frutos, sino una alegoría de la abundancia, el placer sensorial y la armonía entre el hombre y su entorno. La presencia constante de los niños sugiere una transmisión de valores y tradiciones a las generaciones futuras, perpetuando así el ciclo vital que celebra la pintura. La composición, en su conjunto, transmite una sensación de plenitud y bienestar, características asociadas con la estación del verano.