Part 4 Louvre – Jaime Huguet (1412-1492) -- Flagellation
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En el centro, una figura masculina desnuda es sostenida por un madero vertical, mientras otro hombre, vestido con ropas coloridas y en actitud activa, le inflige azotes. La representación del dolor se acentúa mediante la expresión facial de la figura central y la disposición de su cuerpo. A sus pies, una pequeña figura alada, presumiblemente un ángel, observa la escena con semblante melancólico.
La composición se multiplica en múltiples personajes que rodean el núcleo principal. A la izquierda, un grupo de figuras ataviadas con vestimentas suntuosas y expresiones solemnes contempla la flagelación. Entre ellos, destaca una figura infantil, posiblemente representando a San Juan Bautista, que observa la escena con atención. A la derecha, otro conjunto de personajes, igualmente ricamente vestidos, parecen participar en el ritual o ser testigos del evento. La presencia de un personaje sentado sobre un trono, adornado con símbolos heráldicos, sugiere una connotación de poder y autoridad.
La paleta cromática es rica y vibrante, con predominio de colores cálidos como el rojo y el dorado, que enfatizan la importancia de los personajes principales y contribuyen a la atmósfera ceremonial. El uso del claroscuro es moderado, pero efectivo para modelar las figuras y crear una sensación de volumen.
Más allá de la representación literal de un acto de penitencia o castigo, esta pintura parece explorar temas más profundos relacionados con el sufrimiento, la redención y la contemplación religiosa. La presencia de los personajes observadores sugiere una reflexión sobre la naturaleza del pecado y la expiación. La disposición de las figuras y su interacción crean una narrativa visual compleja que invita a la interpretación y al análisis simbólico. El contraste entre la vulnerabilidad física de la figura central y la opulencia de las vestimentas de los espectadores plantea interrogantes sobre la relación entre el poder, la fe y el sufrimiento humano. La escena, en su conjunto, transmite un sentimiento de solemnidad y devoción, invitando a la reflexión sobre la condición humana y el misterio divino.