Part 4 Louvre – Joachim Patinir (c. 1480-before 1524) -- Landscape with Saint Jerome
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Aquí se observa un paisaje de marcada verticalidad y una composición que divide la escena en planos distintos. En primer término, destaca una figura encorvada bajo un rudimentario refugio rocoso. Su vestimenta, de un intenso color rojo, contrasta con los tonos terrosos del entorno inmediato. El gesto inclinado de su cabeza sugiere contemplación o quizás penitencia. Junto a él, se vislumbra un pequeño escritorio y lo que parece ser una calavera, elementos que aluden a la fragilidad humana y la reflexión sobre la mortalidad.
El plano medio está dominado por imponentes formaciones rocosas, casi como torres naturales, que se elevan hacia el cielo. En sus grietas y repisas, pequeños animales – cabras o íbices – encuentran refugio, introduciendo una nota de vida salvaje en este espacio aparentemente desolado. Un árbol solitario, con su tronco delgado y ramaje frondoso, emerge desde la base de las rocas, sirviendo como un punto focal visual que dirige la mirada hacia el horizonte.
En el fondo, se extiende una amplia vista panorámica: un río serpentea a través del paisaje, flanqueado por edificaciones dispersas y tierras cultivadas. A lo lejos, se divisa una ciudadela o fortaleza, coronada por una estructura arquitectónica de carácter religioso – posiblemente una iglesia o monasterio – que se alza sobre las montañas. La atmósfera en el fondo es más luminosa y aireada, creando un contraste con la penumbra del primer plano.
El autor ha empleado una perspectiva atmosférica para sugerir profundidad, difuminando los detalles a medida que el ojo avanza hacia el horizonte. La luz, aunque uniforme, parece provenir de múltiples fuentes, iluminando diferentes áreas de la composición y acentuando las texturas de las rocas y la vegetación.
Subtextualmente, esta pintura evoca una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, así como sobre la búsqueda espiritual y la contemplación del mundo divino. La figura encorvada podría interpretarse como un ermitaño o asceta, dedicado a la oración y al estudio de las escrituras en soledad. Las rocas imponentes simbolizan los obstáculos que se deben superar en el camino hacia la iluminación, mientras que la ciudadela lejana representa la promesa de una vida más plena y trascendente. La presencia de la calavera introduce un elemento de memento mori, recordándonos la fugacidad de la existencia terrenal. En conjunto, la obra transmite una sensación de melancolía contemplativa y anhelo por lo eterno.