Joaquin Sorolla y Bastida – The Musketeer
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El personaje se presenta de perfil, ligeramente girado hacia el espectador, con una expresión facial marcada por la seriedad y quizás un dejo de tristeza o resignación. Su barba incipiente y su cabello corto, adornado con pequeños pendientes, contribuyen a definir su identidad como hombre de cierta posición social, aunque no necesariamente perteneciente a la nobleza.
La vestimenta es compleja: se distingue una camisa blanca, visible bajo un chaleco o coraza que parece estar parcialmente desabrochada, revelando el torso del individuo. Un pañuelo o faja azul oscuro rodea su cintura y se extiende por la parte inferior de sus ropas, mientras que unas botas marrones completan el atuendo. Sobre su hombro descansa una especie de mochila o saco, posiblemente conteniendo provisiones o equipo militar. En su mano izquierda sostiene un sombrero de ala ancha, como si lo hubiera recién quitado o estuviera a punto de colocarlo.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos terrosos y apagados: ocres, marrones, grises y blancos, con toques de azul en la faja. Esta restricción contribuye a la sensación de austeridad y realismo que impregna la obra. El fondo se difumina intencionalmente, sugiriendo un espacio indefinido o una transición entre ambientes.
Más allá de la mera descripción física, esta pintura parece explorar temas relacionados con el deber, la lealtad y la carga emocional inherente a la vida militar. La postura del personaje, su mirada baja y su expresión sombría, insinúan una reflexión sobre las consecuencias de sus acciones o sobre un destino incierto. El sombrero que sostiene podría simbolizar tanto la identidad como la posibilidad de escapar temporalmente de sus obligaciones. En definitiva, el autor ha logrado plasmar no solo la apariencia externa del individuo, sino también una profunda sensación de introspección y melancolía. La pincelada suelta y expresiva acentúa esta impresión de fragilidad humana frente a las exigencias del mundo.