Joaquin Sorolla y Bastida – Elena among roses
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El segundo panel se concentra exclusivamente en una profusión de rosales. La pincelada es vigorosa y expresiva, transmitiendo la textura y la opulencia de las flores. Predominan los tonos rosados y rojizos, aunque también se aprecian matices verdosos que definen el follaje. La ausencia de figuras humanas en este panel contrasta con la presencia de la joven en el primero, creando una dualidad interesante.
La relación entre ambos paneles es fundamental para comprender la totalidad de la obra. El primer panel establece un vínculo humano con la naturaleza, sugiriendo una conexión íntima y personal. La joven parece fundirse con su entorno, como si fuera parte integral del jardín. El segundo panel, al aislar las rosas, eleva el simbolismo floral a un plano universal. Las rosas, tradicionalmente asociadas con el amor, la belleza y la fragilidad, adquieren una resonancia simbólica más amplia.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una reflexión sobre la juventud, la belleza efímera y la relación entre el ser humano y la naturaleza. La postura de la joven sugiere una cierta melancolía o nostalgia, como si estuviera consciente de la transitoriedad del tiempo y de la fugacidad de la vida. El jardín, con su exuberancia y vitalidad, contrasta con esta sensación de tristeza, creando una tensión emocional que enriquece el significado de la obra. La técnica pictórica, caracterizada por pinceladas sueltas y colores vibrantes, contribuye a crear una atmósfera onírica y evocadora. Se intuye un anhelo, una búsqueda de refugio o consuelo en la belleza natural.