Salomon Van Ruysdael – Landscape with a Wooden Fence and Figures
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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El primer plano está dominado por dos figuras sentadas sobre un terreno irregular, cubierto de vegetación baja y tierra oscura. Sus ropas, aunque modestas, sugieren una vida dedicada al trabajo manual. La postura relajada de los personajes contrasta con la aspereza del entorno, insinuando una pausa en sus labores cotidianas, un momento de descanso y observación.
Más allá de la valla, el paisaje se abre a una extensión más amplia. Se distinguen árboles de follaje denso que crean una línea de horizonte irregular, interrumpida por la presencia de algunas edificaciones lejanas, apenas perceptibles en la bruma atmosférica. El cielo, con sus nubes dispersas y su tonalidad pálida, contribuye a la sensación de quietud y serenidad que impregna la escena.
La luz es difusa, sin sombras marcadas, lo que sugiere una hora del día indeterminada, quizás el amanecer o el atardecer. Esta falta de contraste acentúa la atmósfera melancólica y nostálgica del paisaje. La paleta de colores es terrosa, con predominio de tonos ocres, marrones y verdes apagados, que refuerzan la impresión de un entorno natural y poco alterado por la mano humana.
En cuanto a los subtextos, se puede interpretar esta pintura como una reflexión sobre la vida rural, la conexión del hombre con la naturaleza y el paso del tiempo. La valla, además de elemento compositivo, podría simbolizar las barreras sociales o económicas que separan a las personas. Las figuras sentadas sugieren una contemplación silenciosa de la existencia, una aceptación de la rutina y la belleza sencilla del mundo natural. El formato circular, inusual para un paisaje, invita al espectador a detenerse y meditar sobre el significado profundo de lo representado, trascendiendo la mera descripción visual. La escena evoca una sensación de paz y quietud, pero también una sutil melancolía, como si se tratara de un recuerdo fugaz de un mundo que se desvanece.