Domenichino – The Death of St. Cecilia
Ubicación: San Luigi dei Francesi, Roma.
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Un grupo heterogéneo de individuos se concentra alrededor del lecho. A la izquierda, un anciano de barba blanca, posiblemente un padre o tutor, observa con semblante preocupado. Una mujer joven, ataviada con ropas suntuosas y acompañada de una niña pequeña que se aferra a su túnica, muestra una expresión de dolor contenido. Más allá, otros personajes, entre ellos niños y hombres vestidos con atuendos variados – algunos con indumentaria romana, otros con rasgos más exóticos – participan en la escena, algunos gesticulando con fervor, otros observando con curiosidad o consternación. Uno de los hombres, a la derecha, porta una corona que parece destinada a ser colocada sobre la cabeza de la mujer yacente.
En el plano superior, un ángel desciende del cielo, sosteniendo en sus manos lo que parecen ser hojas de palma o laurel, símbolos tradicionales de victoria y gloria. La figura angelical irradia luz y serenidad, ofreciendo una perspectiva trascendental al evento mortal que se desarrolla abajo. Una estatua de la Virgen María, ubicada tras el ángel, refuerza esta dimensión espiritual.
La iluminación es teatral, con fuertes contrastes entre luces y sombras que acentúan la emotividad de la escena. La paleta cromática es rica en tonos cálidos – dorados, ocres, rojos – que contribuyen a crear una atmósfera de opulencia y solemnidad. El suelo, cubierto de un intrincado patrón geométrico, añade complejidad visual al conjunto.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como el martirio, la fe, la redención y la transición entre la vida terrenal y la existencia espiritual. La serenidad del rostro de la mujer difunta sugiere una aceptación pacífica de su destino, mientras que la presencia del ángel y la corona aluden a una recompensa celestial. La diversidad de los personajes presentes podría interpretarse como una representación de la universalidad del sufrimiento humano y la capacidad de la fe para trascender las barreras culturales y sociales. La escena evoca un sentido de pérdida, pero también de esperanza y promesa de vida eterna.