Childe Frederick Hassam – street of the great captain, cordoba 1910
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El edificio adyacente al campanario, presumiblemente una institución religiosa o cívica, se presenta con una fachada más sobria, aunque igualmente marcada por la piedra dorada característica del lugar. La perspectiva es ligeramente elevada, lo que permite apreciar la extensión de la plaza o calle que se extiende ante nosotros.
En primer plano, un grupo de figuras humanas dispersas dinamiza el escenario. Se distinguen parejas paseando, individuos conversando y otros simplemente observando el entorno. Sus atuendos sugieren una época pasada, con vestidos largos y sombreros que evocan un ambiente señorial y tranquilo. La presencia humana, aunque no es el elemento central, aporta una sensación de vida cotidiana y autenticidad a la representación.
El follaje exuberante de los árboles, pintados con pinceladas rápidas y vibrantes, enmarca la escena y suaviza las líneas rectas de la arquitectura. El color verde predomina, pero se mezclan tonalidades amarillas y ocres que reflejan la luz del sol y contribuyen a la atmósfera cálida general.
La paleta cromática es predominantemente cálida: dorados, amarillos, ocres y verdes intensos. Esta elección de colores no solo refleja la realidad visual del lugar, sino que también transmite una sensación de optimismo y vitalidad. La pincelada es suelta y expresiva, característica de un estilo impresionista o postimpresionista.
Más allá de la mera descripción de un espacio urbano, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre el paso del tiempo y la permanencia de los valores tradicionales en medio de un mundo cambiante. El campanario, como símbolo de estabilidad y fe, se alza imponente sobre la plaza, mientras que las figuras humanas, con sus gestos cotidianos, nos recuerdan la fugacidad de la existencia individual. La escena evoca una sensación de nostalgia por un pasado idealizado, pero también celebra la belleza y el encanto del presente. La luz, omnipresente, parece bendecir este instante capturado en el lienzo.