Orest Adamovich Kiprensky – Portrait AR Tomilova. 1828. K., m. 44. 5h35. 2 RM
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La iluminación es suave y difusa, creando una atmósfera íntima y ligeramente melancólica. Los tonos predominantes son oscuros: grises, marrones y negros que envuelven la figura, acentuando su rostro y cabello. La luz se concentra en el semblante, revelando detalles como las arrugas alrededor de los ojos y la boca, así como la textura del cabello rizado. Esta atención al detalle sugiere una intención de capturar no solo la apariencia física, sino también la personalidad y el carácter del individuo.
El hombre lleva un atuendo sobrio: un abrigo oscuro con cuello alto y una camisa blanca con un nudo improvisado en lugar de corbata o chaleco. La sencillez de la vestimenta contribuye a la impresión de modestia y quizás, cierta introspección. La mirada es directa, aunque no particularmente expresiva; transmite una sensación de seriedad y contemplación.
En cuanto a los subtextos, se puede inferir un cierto grado de intelectualidad o sensibilidad artística en el retratado. La atmósfera sombría y la expresión contenida sugieren una personalidad compleja, posiblemente marcada por la reflexión y la melancolía propias del espíritu romántico. La ausencia de elementos decorativos o accesorios podría indicar una valoración de la autenticidad y la simplicidad sobre la ostentación. El retrato no busca halagar al retratado con idealizaciones; más bien, parece aspirar a una representación veraz y psicológica. La técnica pictórica, aunque cuidada, revela pinceladas visibles que aportan una sensación de espontaneidad y vitalidad, alejándose de la rigidez del Neoclasicismo previo.