Gustave Dore – img169
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La expresión facial es particularmente notable: los labios están exageradamente abultados, casi caricaturescos, y los ojos parecen entrecerrados con una mezcla de astucia y desconfianza. El cabello, peinado en rizos abundantes y característicos del siglo XVIII, contribuye a la impresión general de artificio y vanidad. La ejecución técnica es precisa; se aprecia un estudio detallado de la anatomía facial, aunque esta se ve distorsionada por una intención claramente satírica.
El busto descansa sobre un pedestal ornamentado que presenta una inscripción: Mendace Veritas. Esta frase latina, que significa “La verdad mendiga”, introduce una capa de subtexto crucial para comprender la obra. La yuxtaposición del retrato pomposo con esta declaración irónica sugiere una crítica mordaz a la hipocresía y la corrupción moral dentro de las clases dominantes. El pedestal, con sus elementos heráldicos, refuerza la idea de un poder que se considera intachable pero que en realidad está manchado por la falsedad.
La composición es relativamente sencilla: el busto ocupa casi todo el espacio visual, enfatizando su importancia y al mismo tiempo acentuando la naturaleza burlesca del retrato. La iluminación, aunque monocromática, crea un juego de luces y sombras que resalta los detalles faciales y la textura del cabello, intensificando así el efecto satírico. En definitiva, se trata de una obra que utiliza la forma del retrato para denunciar vicios y exponer las contradicciones inherentes a ciertas posiciones de poder.