Gustave Dore – Now to the ascent of that steep savage hill Satan hath journeyd on pensive and slow
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El terreno que ocupa la criatura está marcado por una vegetación densa y retorcida, con árboles despojados de hojas y ramas que se extienden como dedos huesudos hacia el cielo. Esta representación del paisaje subraya un ambiente hostil y agreste, reforzado por las líneas angulosas y la textura rugosa de las rocas. La perspectiva es pronunciada, enfatizando la altura y la dificultad del ascenso implícito en el título.
En contraste con esta penumbra, el horizonte se abre a una luz intensa y radiante. Esta luminosidad no es uniforme; se manifiesta como un resplandor difuso que irradia desde un punto indefinido, sugiriendo una fuente de esperanza o redención inalcanzable. La representación de la luz, con sus líneas paralelas que convergen hacia el horizonte, evoca una sensación de aspiración y anhelo.
La figura alada, situada entre estos dos polos opuestos – la oscuridad terrenal y la luz celestial – parece estar en un estado de transición o conflicto interno. Su posición sobre el precipicio simboliza quizás una encrucijada, un momento crucial donde se debe elegir entre permanecer en la sombra o intentar alcanzar la claridad. La ausencia de color acentúa la atmósfera sombría y refuerza la sensación de aislamiento que emana de la figura central.
El autor ha logrado crear una imagen cargada de simbolismo, donde el paisaje no es simplemente un telón de fondo, sino un elemento activo que contribuye a la narrativa visual. La composición invita a la reflexión sobre temas como la redención, la tentación y la lucha entre el bien y el mal, dejando al espectador con una sensación de ambigüedad e incertidumbre.