22355 Leon Bakst
Leon Bakst – 22355
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El artista coleccionó el cuadro pieza por pieza durante varios largos años, registrando cada momento de su estancia en Grecia y su conocimiento de la época de la Antigüedad. En el lienzo, por tanto, coexisten monumentos de la antigua cultura egea del siglo XIII a.C., así como complejos arquitectónicos de la Grecia clásica, en marcos espaciales y temporales. El centro compositivo del cuadro es una estatua de Afrodita con una paloma en las manos, cuya sonrisa inmóvil contrasta con la representación del colapso de la civilización en el fondo.
Descripción del cuadro de Leon Bakst Ancient Terror
El artista coleccionó el cuadro pieza por pieza durante varios largos años, registrando cada momento de su estancia en Grecia y su conocimiento de la época de la Antigüedad. En el lienzo, por tanto, coexisten monumentos de la antigua cultura egea del siglo XIII a.C., así como complejos arquitectónicos de la Grecia clásica, en marcos espaciales y temporales.
El centro compositivo del cuadro es una estatua de Afrodita con una paloma en las manos, cuya sonrisa inmóvil contrasta con la representación del colapso de la civilización en el fondo. El espectador, en cambio, lo observa como si estuviera en una especie de posición elevada, y Afrodita aparece más cerca de él.
Por "terror ancestral" los paganos entendían la pesadilla de la existencia humana, que siempre está regida por la inescrutable Roca. Según Vyacheslav Ivanov, el uso de la imagen divina era para demostrar que nada, incluidos los ídolos venerados, podía resistir el caos de la existencia en la mente de los paganos. Sólo el Destino (o el Caos) es capaz de vivir eternamente. El cuadro también puede interpretarse en un contexto más específico desde el punto de vista histórico.
Dado que la idea de la obra surgió durante la Revolución Rusa, cabe suponer que el uso de la imagen del Caos ayudó a ilustrar la inevitabilidad de la muerte de toda la vida antigua en vísperas de los drásticos cambios a los que se enfrentaba la población de principios del siglo XX. También existe una tercera interpretación, según la cual Afrodita simboliza la eternidad del arte y su esencia universal.
En 1909, el cuadro se presentó en una exposición en París, y un año más tarde ya recibió la medalla de oro en Bruselas. "The Ancient Terror" estaba destinada a convertirse en una obra de arte emblemática en muchos aspectos, en primer lugar para el propio Bakst, quien, a pesar de su deseo de volver a pintar un lienzo similar, casi nunca volvió a pintar y sólo creó decorados teatrales. Además, el cuadro expuso otra forma de arte de la década de 1910: el neoclasicismo, cuya popularidad posterior permitió que se le denominara en broma "enfermedad" crónica de la cultura.
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El paisaje que se extiende tras ella es de una grandiosidad opresiva. Montañas abruptas, esculpidas por la erosión o quizás por fuerzas sobrenaturales, dominan la escena. La perspectiva es compleja y fragmentada; las montañas parecen apiladas unas sobre otras, creando una sensación de inestabilidad y desorientación. Se intuyen construcciones humanas incrustadas en el terreno montañoso: ruinas de templos, fortalezas abandonadas, que sugieren un pasado glorioso ahora sumido en la decadencia.
Un elemento crucial es el rayo o columna lumínica que se precipita desde la parte superior del lienzo hacia la figura femenina. Este haz de luz, de una blancura casi cegadora, ilumina parcialmente el paisaje y enfatiza la posición central de la mujer. Podría interpretarse como un signo divino, una revelación catastrófica, o incluso una advertencia inminente. La atmósfera general es densa y cargada de presagios; el cielo oscuro y tormentoso refuerza la sensación de amenaza y fatalidad.
La técnica pictórica es notable por su expresividad. El uso del color es deliberadamente limitado, con predominio de tonos ocres, marrones y grises que contribuyen a crear una atmósfera opresiva y desoladora. La pincelada es vigorosa y texturizada, lo que acentúa la sensación de inestabilidad y caos.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar temas como el destino, la fragilidad de la civilización frente a las fuerzas naturales o cósmicas, y la relación entre el individuo y lo trascendente. La figura femenina podría representar tanto a una víctima pasiva del destino como a un símbolo de resistencia ante la adversidad. La yuxtaposición de elementos orgánicos (la vegetación en su vestimenta) y arquitectónicos (las ruinas) sugiere una reflexión sobre la interdependencia entre el hombre y su entorno, así como sobre la transitoriedad de las creaciones humanas. La obra evoca un sentimiento de melancolía profunda y una contemplación sombría del futuro.