Alfred Stevens – Stevens A Femme a la poupee japonaise
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El espacio está ricamente decorado, evidenciando un gusto refinado por lo exótico y lo ornamental. Las paredes están cubiertas de múltiples cuadros, algunos de ellos representando escenas de caza o retratos, mientras que otros parecen ser reproducciones de arte orientalista. Una serie de objetos decorativos –platos con motivos florales, una escultura en bronce, adornos colgantes– complementan la atmósfera opulenta y sofisticada del ambiente. La presencia de un biombo a cuadros rojos y negros al fondo refuerza esta sensación de riqueza y gusto por lo extranjero.
La iluminación es suave y difusa, creando una atmósfera íntima y contemplativa. Los colores predominantes son los tonos tierra, el verde azulado de las paredes y toques de rojo en la tapicería y el biombo, contribuyendo a una paleta cromática armoniosa y agradable a la vista.
Más allá de la representación literal de un momento cotidiano, la pintura sugiere subtextos relacionados con la clase social, el coleccionismo y la fascinación por lo exótico. La muñeca japonesa, objeto de deseo y atención, podría simbolizar la apropiación cultural o el interés por culturas lejanas como símbolo de estatus. La disposición de las figuras y su interacción sugieren una relación de amistad o camaradería, pero también una cierta distancia social marcada por sus roles dentro del espacio doméstico. La abundancia de objetos decorativos apunta a un deseo de exhibir riqueza y buen gusto, reflejando los valores de la burguesía de la época. En definitiva, el autor ha plasmado una escena que trasciende lo anecdótico para ofrecer una ventana a las costumbres y aspiraciones de una sociedad en transformación.