Morgan Weistling – goatsandroses36X40
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En primer plano, las niñas están sentadas frente a una mesa tosca, aparentemente dedicadas a recoger flores o preparar algún tipo de arreglo floral. Una de ellas, con el cabello oscuro recogido, mira hacia arriba mientras una cabra se acerca para probar una flor que sostiene. La otra niña, de cabello rubio trenzado, observa la escena con una expresión serena y concentrada, sosteniendo también una rosa. La luz ilumina sus rostros y manos, enfatizando su juventud y pureza.
El uso del color es notable. Predominan los tonos cálidos: ocres, dorados y rojos que evocan un ambiente hogareño y acogedor. El contraste entre la ropa de las niñas – una en azul grisáceo y otra en amarillo pálido – resalta sus individualidades dentro del conjunto familiar. La profusión floral, con rosas rojas y flores moradas, introduce un elemento de belleza efímera y sensualidad sutil.
La presencia de las cabras es fundamental para la narrativa visual. No son meros acompañantes, sino participantes activos en la escena. Su cercanía a los niños sugiere una simbiosis entre el mundo humano y animal, una convivencia armoniosa que contrasta con posibles tensiones o conflictos. La cabra más pequeña, situada en el extremo derecho de la composición, parece curiosa e inquisitiva, extendiendo su hocico hacia las flores.
En segundo plano, se vislumbra un rincón oscuro con una lámpara encendida, creando una sensación de profundidad y misterio. La disposición de los objetos sobre la mesa – frutas, jarrones, una cesta – sugiere una actividad cotidiana, pero también una cierta abundancia y prosperidad. La muñeca sentada en el taburete a un lado refuerza la idea de la infancia y el juego.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una reflexión sobre la inocencia perdida, la conexión con la naturaleza o la importancia de los valores familiares. La interacción entre las niñas y las cabras puede simbolizar la necesidad de cuidar y proteger lo vulnerable, tanto en el ámbito natural como en el humano. La luz que baña la escena sugiere una esperanza latente, un futuro prometedor para estos jóvenes personajes. El ambiente general transmite una sensación de paz y tranquilidad, invitando a la contemplación y al disfrute de los pequeños placeres de la vida.