Tate Britain – William Blake - Satan Smiting Job with Sore Boils
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En el centro de la escena, una figura masculina alada domina la composición. Su anatomía es idealizada, pero su expresión es de furia contenida, casi de éxtasis doloroso. Sus alas, extendidas como si fueran a elevarlo o a aprisionarlo, exhiben una paleta de colores que oscila entre el rosa y el púrpura, creando una sensación de irrealidad y tensión. Esta figura parece descargar un torrente sobre la persona prostrada a sus pies.
La persona en tierra, cubierta por una vestimenta sencilla, se encuentra postrada en una posición de sufrimiento extremo. Su rostro está oculto, lo que acentúa su vulnerabilidad y universaliza su experiencia de dolor. El cuerpo, retorcido y cubierto de protuberancias que sugieren heridas o enfermedades, transmite una sensación palpable de agonía física y espiritual.
El paisaje de fondo es igualmente significativo. Un cielo tormentoso, con tonalidades rojizas y azuladas, se abre sobre un mar turbulento. En la lejanía, se vislumbran ruinas o estructuras arquitectónicas que parecen emerger de la niebla, evocando una sensación de decadencia y desolación. La luz, aunque tenue, ilumina selectivamente las figuras principales, acentuando su dramatismo y creando un ambiente opresivo.
La pintura plantea interrogantes sobre el sufrimiento humano, la justicia divina y la naturaleza del mal. El personaje alado no es presentado como una entidad puramente maligna; más bien, parece ser un agente de una fuerza cósmica incomprensible, que inflige dolor con una mezcla de furia y resignación. La figura prostrada representa la fragilidad humana frente a fuerzas superiores, cuestionando la idea tradicional de un Dios benevolente y protector. La ausencia de contexto narrativo explícito invita al espectador a reflexionar sobre el significado del sufrimiento y la naturaleza de la existencia misma. El uso de una iconografía simbólica, con referencias a elementos naturales y arquitectónicos, sugiere una interpretación alegórica más profunda que trasciende la mera representación literal. La composición en sí misma, con su equilibrio precario entre luz y sombra, belleza y horror, contribuye a crear una atmósfera de inquietud y misterio.