Pietro Perugino – The Presepio 1498
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El foco central recae sobre el niño Jesús, desnudo y tendido sobre un manto dorado, símbolo de su divinidad. A su alrededor se agrupa una familia: José, con expresión serena y gesto protector, teje o manipula lana, sugiriendo la laboriosa vida cotidiana que le espera; María, vestida con túnicas azules y doradas, inclina sus manos en un gesto de devoción y contemplación. La paleta de colores es rica en tonos cálidos – ocres, amarillos, dorados – que acentúan la atmósfera de intimidad y reverencia.
En el plano superior del arco, tres ángeles danzan o cantan, introduciendo una dimensión celestial a la escena terrenal. Su movimiento ligero contrasta con la quietud y solemnidad de los personajes en primer plano. A la derecha, un buey y una mula se observan discretamente, integrándose al simbolismo tradicional del pesebre.
La composición es equilibrada, aunque ligeramente descentrada por la presencia de figuras adicionales a la izquierda: una mujer con un niño pequeño y otros personajes que parecen observar la escena desde cierta distancia. Estos elementos sugieren la comunidad que acoge el nacimiento, pero también introducen una sutil sensación de observación externa, como si el espectador fuera parte de ese grupo distante.
El paisaje al fondo, difuso y brumoso, evoca un sentido de trascendencia y misterio. No se trata de una representación realista del entorno, sino más bien de una sugerencia poética de la divinidad que impregna el evento. La luz, aunque suave y uniforme, resalta los detalles esenciales: la piel del niño, las texturas de las vestimentas, la expresión en los rostros de los personajes.
En términos subtextuales, la pintura parece explorar la tensión entre lo divino y lo humano, lo sagrado y lo cotidiano. La arquitectura monumental contrasta con la sencillez de la escena, mientras que la devoción maternal se yuxtapone a la laboriosa vida terrenal. La presencia de los ángeles sugiere una intervención celestial en el mundo, pero también enfatiza la humildad del nacimiento. En definitiva, la obra invita a la contemplación y a la reflexión sobre el misterio de la encarnación.