Paul Klee – Angel Still Feminine, 1939, Kunstmuseum, Bern.
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La figura está enmarcada por formas geométricas angulosas: un gran triángulo amarillo-ocre domina el espacio a la izquierda, proyectando una sombra o quizás actuando como un elemento protector, aunque su forma puntiaguda también puede interpretarse como amenazante. Un plano azulado, que se extiende tanto detrás de la figura como en parte sobre ella, crea una atmósfera opresiva y difusa, acentuando el sentimiento de aislamiento.
En primer plano, un detalle particularmente llamativo capta la atención: una forma roja, casi rectangular, con tres protuberancias blancas que recuerdan a senos estilizados. Esta inclusión introduce una dimensión simbólica compleja. La yuxtaposición del color rojo intenso con las formas redondeadas y aparentemente infantiles sugiere una ambivalencia entre sensualidad y vulnerabilidad, entre fuerza y fragilidad. Podría interpretarse como una representación de la maternidad despojada de su idealización convencional, o quizás como una exploración de la identidad femenina fragmentada y distorsionada.
La técnica utilizada, con trazos evidentes y colores aplicados de manera aparentemente aleatoria, refuerza la impresión de inmediatez y espontaneidad. No obstante, esta aparente falta de control se equilibra con una cuidadosa disposición de los elementos, que dirige la mirada del espectador hacia el centro de la composición.
En conjunto, la obra transmite un profundo sentimiento de inquietud y desasosiego. La simplificación de las formas, la paleta de colores apagados y la ausencia de referencias contextuales contribuyen a crear una atmósfera onírica y perturbadora, que invita a la reflexión sobre temas como la identidad, la vulnerabilidad y la condición humana. La figura parece suspendida en un limbo existencial, atrapada entre el deseo de conexión y la imposibilidad de alcanzarla.