Paul Klee – Ad Parnassum, 1932, 100x126 cm,
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El artista ha empleado una gama de colores terrosos – ocres, marrones, dorados – combinados con azules y verdes apagados, creando una atmósfera melancólica y contemplativa. La luz, representada por un disco solar anaranjado situado en el extremo superior derecho, irradia una calidez tenue que no disipa la sensación general de quietud y misterio. La disposición fragmentada de los cuadrados sugiere una visión desconstruida del espacio, como si se tratara de ruinas o de un recuerdo difuso.
En la parte inferior izquierda, el color adquiere mayor intensidad, con tonos rojizos que podrían interpretarse como una referencia a la pasión, al fuego o incluso a la memoria. La línea negra que define la abertura arqueada y otros elementos estructurales introduce un elemento de contención y rigor formal, contrastando con la aparente fragilidad del entramado pictórico.
Más allá de su valor estético, esta obra parece sugerir una reflexión sobre el tiempo, la memoria y la naturaleza efímera de las construcciones humanas. El triángulo invertido podría simbolizar una caída o un retorno a los orígenes, mientras que la abertura arqueada evoca la posibilidad de trascendencia o de acceso a un conocimiento oculto. La fragmentación del espacio sugiere una pérdida, pero también una oportunidad para reconstruir y reinterpretar el pasado. La obra invita a la introspección y a la contemplación de los ciclos vitales y la fragilidad de la existencia.