Part 6 Prado Museum – Mengs, Anton Rafael -- María Luisa de Borbón, gran duquesa de Toscana
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La mujer se muestra de perfil ligeramente girado hacia el espectador, una pose convencional en los retratos de época. Su expresión es serena, casi inexpresiva, con una mirada directa que transmite dignidad y compostura. La boca está cerrada, acentuando la sensación de control y reserva propia de su estatus social.
El vestuario es sumamente elaborado: un vestido de seda blanca con intrincados bordados azules y detalles en encaje que sugieren riqueza y refinamiento. Un delicado collar de perlas rodea su cuello, complementado por pendientes a juego. Sobre su cabeza, una peluca alta y elaborada, adornada con joyas, enfatiza aún más su posición privilegiada. En sus manos sostiene un abanico cerrado, un accesorio común en la moda femenina del siglo XVIII que sirve como elemento decorativo y también como símbolo de coquetería contenida.
La iluminación es uniforme, sin fuertes contrastes, lo que contribuye a una atmósfera de calma y solemnidad. La técnica pictórica se caracteriza por el detallismo en la representación de las texturas: la suavidad de la seda, la delicadeza del encaje, el brillo de las joyas. Se aprecia un cuidado meticuloso en la reproducción de los detalles faciales, buscando captar una imagen idealizada de belleza y nobleza.
Más allá de la mera representación física, el retrato transmite subtextos relacionados con el poder y la posición social. La rigidez de la pose, la formalidad del vestuario y la expresión contenida sugieren un personaje consciente de su importancia y de las responsabilidades que conlleva su estatus. El fondo rojo intenso podría interpretarse como una referencia a la realeza o al poder político. En conjunto, el retrato funciona como una declaración visual de pertenencia a una élite social y política, buscando perpetuar una imagen de autoridad y distinción. La ausencia de elementos anecdóticos o narrativos refuerza esta impresión de solemnidad y monumentalidad.