James Edward Hervey Macdonald – rowanberries, algoma 1922
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El autor ha empleado una paleta cromática dominada por tonos ocres, marrones y rojizos, con destellos intensos de rojo que resaltan las bayas. La luz parece emanar desde un punto indefinido, iluminando selectivamente los grupos de frutos y proyectando sombras profundas sobre la vegetación circundante. Esta iluminación no es naturalista; más bien, contribuye a una atmósfera onírica y simbólica.
La pincelada es gruesa y texturizada, evidenciando un interés por la materialidad de la pintura. Las formas se definen con contornos marcados, pero sin una precisión detallada, lo que sugiere una intención expresiva más allá de la mera representación mimética. Las ramas y hojas se entrelazan en un laberinto visual, dificultando la distinción entre primer plano y fondo.
Más allá de la descripción literal, la pintura evoca sensaciones de vitalidad y decadencia simultáneas. La profusión de bayas podría interpretarse como símbolo de fertilidad y abundancia, pero también sugiere una inminente transformación o descomposición. El uso del color rojo, asociado a menudo con la pasión, el peligro y la muerte, añade una capa de complejidad a esta interpretación.
La ausencia de figuras humanas o animales refuerza la idea de un paisaje autónomo, desprovisto de intervención humana. El autor parece interesado en explorar la fuerza intrínseca de la naturaleza, su capacidad para generar vida y, al mismo tiempo, para reclamarla. La composición cerrada y la atmósfera densa sugieren una reflexión sobre el ciclo vital y la inevitabilidad del cambio. Se intuye una contemplación melancólica ante la belleza efímera del mundo natural.