Kunsthistorisches Museum – Luca Giordano -- David Brings the Ark to Jerusalem
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La paleta cromática domina en tonos terrosos: ocres, marrones y dorados que sugieren solemnidad y antigüedad. Sin embargo, se introducen contrastes con el blanco de las túnicas y los destellos luminosos que emanan del cielo, atrayendo la mirada hacia una figura celestial suspendida sobre la multitud. Esta figura, envuelta en un halo luminoso, parece presidir la escena, otorgándole una dimensión divina.
El artista ha empleado una técnica pictórica suelta y expresiva, con pinceladas rápidas que transmiten dinamismo y emoción. Los rostros de los participantes muestran una amplia gama de sentimientos: alegría, reverencia, fervor religioso e incluso agotamiento físico. La multitud se presenta heterogénea, incluyendo hombres, mujeres y niños, lo que sugiere la participación de toda la comunidad en este evento trascendental.
En el plano inferior, la representación es más íntima; los personajes parecen inclinarse o postrarse ante el cortejo, mostrando respeto y sumisión. Se percibe una atmósfera de intensa emoción colectiva, donde la fe se manifiesta a través del gesto y la expresión facial.
La ciudad amurallada al fondo, con sus torres y cúpulas, evoca un sentido de historia y permanencia. La luz que emana de ella sugiere prosperidad y estabilidad, posiblemente simbolizando el destino final del objeto sagrado transportado. El cielo turbulento sobre la escena podría interpretarse como una representación de la divinidad o como una metáfora de las dificultades superadas para llegar a este momento de celebración.
Subyacentemente, la obra parece explorar temas de fe, devoción y comunidad. La importancia del objeto sagrado es innegable; su transporte se convierte en un acto público de adoración que une a la gente y refuerza su identidad religiosa. La presencia de la figura celestial sugiere una conexión directa entre lo terrenal y lo divino, implicando que este evento está bendecido por una fuerza superior. La multitud, con sus diversas expresiones, refleja la complejidad de la experiencia humana frente a la fe: alegría, esperanza, pero también esfuerzo y sacrificio.