Kunsthistorisches Museum – Peter Paul Rubens -- Coronation of the Victor
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En primer plano, un hombre yacente, desnudo y aparentemente herido de muerte, ocupa una posición central. Su cuerpo se extiende horizontalmente, contrastando con las figuras que lo rodean. Sobre él, dos personajes interactúan: uno, vestido con armadura roja y portando un escudo, recibe la coronación de una figura femenina alada. Esta última, presumiblemente una representación de Victoria o alguna divinidad asociada a la victoria, extiende su mano para colocar una corona sobre la cabeza del guerrero. La expresión en el rostro del hombre que recibe la corona es de seriedad y determinación, mientras que el cuerpo del individuo prostrado parece representar la derrota vencida.
A la derecha, otro personaje, también desnudo, se aferra al escudo del guerrero con una expresión de súplica o desesperación. La luz incide sobre su piel, resaltando su anatomía y acentuando la tensión dramática de la escena. La presencia de armas dispersas en el suelo – un casco, un garrote – refuerza la idea de una batalla reciente y sus consecuencias.
El uso del color es notable: los tonos cálidos dominan la paleta, con especial énfasis en el rojo de la armadura y el dorado de la corona, que atraen inmediatamente la atención del espectador. La luz, aunque intensa, no es uniforme; se concentra en ciertas áreas para crear contrastes dramáticos y dirigir la mirada hacia los puntos focales de la composición.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la transitoriedad del poder, el triunfo sobre la adversidad y la naturaleza cíclica de la guerra. La coronación no es una celebración triunfal en un sentido tradicional; más bien, se presenta como un acto que sella el destino de los vencidos y legitima el ascenso al poder del nuevo gobernante. La figura prostrada podría simbolizar no solo la derrota militar sino también la pérdida de ideales o la caída de un régimen anterior. La composición sugiere una reflexión sobre las consecuencias de la violencia y la complejidad de la victoria, donde incluso en el triunfo se vislumbra la sombra de la tragedia. El gesto del personaje que se aferra al escudo podría interpretarse como una súplica por clemencia o una representación de la dependencia humana ante el poder.