Kelek – ma Kelek Contes de Grimm Le Fourneau
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La presencia dominante es la de dos seres antropomórficos con características anfibias. Una mujer mayor, ataviada con un elaborado tocado blanco y un vestido rojo oscuro, se encuentra sentada en la silla. Su rostro, con sus ojos saltones y piel verdosa, evoca una imagen grotesca pero también ligeramente caricaturesca. En su mano sostiene unas gafas de montura dorada, que examina con atención, como si analizara algo minúsculo e importante. A su lado, una figura más joven, presumiblemente su hija o nieta, imita su vestimenta y pose, aunque a menor escala. La similitud en sus rasgos físicos refuerza la idea de un linaje inusual.
El primer plano presenta una mesa dispuesta con elementos que sugieren una comida reciente: platos, copas y un jarrón repleto de flores silvestres. Esta disposición contrasta con la atmósfera general de extrañeza, insinuando una normalidad superficial que oculta algo más profundo. La vajilla apilada en el horno sugiere abundancia, pero también una cierta rigidez y formalidad.
La composición invita a múltiples interpretaciones. Podría leerse como una alegoría sobre la apariencia versus la realidad, donde lo grotesco se disfraza bajo las convenciones sociales. El uso de personajes anfibios podría simbolizar la dualidad entre lo humano y lo animal, o incluso representar una crítica a la artificialidad de las relaciones familiares. La repetición de elementos como el tocado blanco y el vestido rojo en ambas figuras sugiere un intento de perpetuar una tradición inusual, quizás con consecuencias desconocidas. El detalle de las gafas, enfocadas en algo pequeño e imperceptible, podría aludir a una obsesión por los detalles o a una búsqueda de significado oculto. En definitiva, la obra plantea preguntas sobre la identidad, la familia y la naturaleza de la percepción, dejando espacio para la reflexión del espectador.